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La dos palabras (más repetidas) de Pedro Sánchez

Dos palabras, reformismo y modernización, han sido posiblemente el salvadidas del discurso y las más repetidas por el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, en la campaña electoral que le ha llevado a alcanzar la secretaria general de su partido y en las primeras entrevistas/declaraciones desde que fuera elegido el domingo por los militantes socialistas. Para él han sido suficientes, veremos si también lo son para su partido.

Pedro Sánchez, el nuevo secretario general del PSOE, durante la entrevista de esta mañana en la cadena Ser

Lo bueno para Sánchez y para la nueva etapa que inicia el socialismo español es que ambos términos son política y semánticamente tan ambiguos, tan amplios, que en ellos cabe casi todo. Por ahí el riesgo de despeñarse por faltar a la prometido es mínimo. Lo malo es que esas dos palabras –modernización y reformismo- las defendería hoy día y sin inmutarse lo más mínimo el PP y son también y probablemente las que más ha utilizado el actual Gobierno para hacer la política de recortes y de retroceso social que nos han traído hasta aquí.

Esa es precisamente la confusión que deberá aclarar Sánchez. Si no lo hace con suficiente nitidez y contundencia, la tarea de romper con el estigma de que PP y PSOE son, a la hora de las grandes decisiones económicas, lo mismo, va a adquirir para él carácter de reto hercúleo y muy probablemente destinado al fracaso y a la melancolía.

Así las cosas, veremos si los matices y la fina pincelada serán suficientes armas para convencer a un electorado y una ciudadanía que, a día de hoy, pide seguramente más radicalidad democrática, más concreción en las propuestas, más claridad en el mensaje, más compromiso y coherencia en el comportamiento personal de sus dirigentes ante un paisaje devastado en lo social y en lo económico. Veremos, digo, si los esfuerzos evidentes y notorios que ya hace el nuevo líder en su discurso para marcar territorio con Podemos y otras fuerzas de la izquierda son igual de nítidos y fructíferos para diferenciarse del PP. Y, ya de paso, si ambas diferencias son suficientes para reenganchar e ilusionar a un electorado de izquierdas aún receloso y desconfiado de las promesas y las palabras socialistas.

A Zapatero, cuya trayectoria política puede de algún modo inspirar la del propio Sánchez, sus militantes y votantes le exigieron un contrato: “No nos falles”. Y, al final, Zapatero, les falló. A Sánchez no le han exigido nada, quizás porque no saben si queda espacio para la esperanza. De momento, se diría que le miran con recelo y están a la expectativa. El reto es saber si con (solo) prometer reformismo y modernización –y, claro, la pesada sombra de Susana Díaz mirando desde el burladero- será suficiente para evitar que el estropicio tras las cercanas citas electorales sea aún mayor que el que hereda, o si este tiempo, como muchos vaticinan ya, acabará al fin y al cabo siendo solo una etapa de paso a la espera de lideresa. Una mera y marginal nota a pie de página en la vasta historia del socialismo español. En twitter @plopez58

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