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Alicante o cuando la mafia se sienta en tu mesa

Enrique Ortiz (I), Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo en una imagen de archivo. Foto diario LA VERDAD

Enfrente, justo enfrente, de la nueva sede en obras de la Policía Local en la Vía Parque de Alicante hay un restaurante. Se llama La Mafia y lleva allí varios años abierto. Un gigante, vetusto y cartel de hierro oxidado nos invita a pasar dentro. Confieso que nunca he entrado, pero estos días escuchando las conversaciones grabadas por la Policía cruzadas entre los Enrique Ortiz, Sonia Castedo, Luis Díaz Alperi, el sobrino de Juan Cotino y el delegado en España de Ikea y en las que se habla ni más ni menos que del “reparto del pastel”, he llegado a pensar si el nombre del restaurante será tan sólo una de esas casualidades del destino que ofrecen el paisaje de las ciudades que tanto ayudan a entenderlas, la metáfora perfecta que explicaría tanta podredumbre institucional y empresarial y tanto maltrato a una tierra, Alicante, exhausta y al borde del precipicio.

Cartel anunciador del restaurante llamado La Mafia, ubicado justo enfrente de la sede de la Policía Local de AlicantePor escuchadas, por repetidas, las conversaciones telefónicas sobre los casos judiciales Brugal, Gürtel, Rabassa. Ikea, Mercalicante, caso Aparcamientos (las lista es interminable) que estos días estamos oyendo cada mañana con algo de asombro y puede que escasa perplejidad -hasta aquí hemos llegado tras de muchos años- gracias al trabajo y esfuerzo fundamental de los compañeros de Alicante del diario El Mundo y la Cadena Ser, no puede uno dejar de hacerse algunas preguntas. Y, sobre todo, una: ¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta esta degradación política, institucional y social sin que hayan saltado todas las alarmas? Aquí, un intento de entenderlo.

Y es que cuesta. Pero seguramente hay claves que hoy empiezan a amerger con fuerza y que ayudan. Hay en todas y cada una de estas conversaciones, y son muchos los minutos grabados por la Polícía, un hilo conductor y un caldo de cultivo. El hilo es el alto grado de impunidad con el que estos personajes que han gobernado la ciudad a uno y otro del despacho de la Alcadía han actuado. Y el caldo de cultivo no es otro que la camaradería, las risas, las confidencias, los reproches cariñosos que solo pueden darse cuando la amistad y el interés van en el mismo barco. Y esta debe ser la segunda de las metáforas del asunto, pues en muchas de las conversaciones el protagonista indirecto no es otro que el yate de nombre “Elena” propiedad del magnate, empresario y dueño del Hércules C.F., Enrique Ortiz, a la postre el decorado y rincón perfecto donde, como ya sabíamos por otros hilos telefónicos, se juntaban muchos de ellos para celebrar con Möet & Chandon o ir de vacaciones a Ibiza, las batallas que iban ganando.

Imagen de archivo del yate

En sus conversaciones, decía, podemos ver y oír con todo lujo de detalle con qué alto grado de impunidad estaban seguros de actuar, cómo se repartían los cromos de las contratas públicas. En una de ellas vemos como Ortiz y el sobrino de Cotino, Vicente Cotino, bromean por el cambio de cartera del tío al añadir a Bienestar Social las competencias de Territorio y Medio Ambiente. Esto, según presumen ambos en la conversación, supondrá que lo que pierda el sobrino lo ganará el empresario alicantino. Y asi todo queda en familia.

En tu casa o en la mía

Y como la veda parece abierta podemos oírles también cómo presumían de los intentos de compra de la voluntad de jueces y fiscales a través de ofrecer trabajo a sus hijos (José Antonio Romero mismamente); o de tratar de apartar de los casos que les atañen a aquellos magistrados que son unos “rojos, rojos, rojos” (caso de un magistrado del TSJ) y que presumiblemente podía suponer un escollo en sus planes urbanísticos y empresariales, en sus cuentas de resultados, jueces que presuponían podían interferir o retrasar la velocidad de crucero de sus negocios e intereses espurios.

Vemos, o mejor oímos, cada vez con menguada indignación, conversaciones donde se habla de doblegar la voluntad de los técnicos municipales del Ayuntamiento o del redactor del PGOU que no se pliega a los deseos de Ortiz en el tema Rabassa ("Que llame a Sonia echando hostias"), actos que entran dentro de la lógica del beneficio y la empresa pero que apisonan, de paso, los intereses públicos, todo ello sin importarle lo más mínimo a quien eran los garantes legales si con ello y de paso se doblegaba también la Ley. En el paroxismo de este tono jocoso y prepotente podemos oír en una de las conversaciones a Ortiz bromear con su interlocutor y asegurarle que está dispuesto a "mandar por avión y a Egipto" un expediente para que una jefa del área de Urbanismo del Ayuntamiento, colocada antes a dedo por Sonia Castedo siendo concejala de Urbanismo a la órdenes de Alperi y tras de remover a sus titulares, jefa que al parecer andaba de vacaciones en este país africano, firmara lo que tenía que firmar y que, a juicio del propio Ortiz, no podía esperar a su regreso. Administración a la carta en una palabra.

Vemos y comprobamos, cada vez menos sorprendidos, cómo muchos días antes de ir al despacho de Alcaldía, el alcalde de entonces, Luis Díaz Alperi, se ofrecía para pasar por la casa de Ortiz o pedía a este que pasara por la suya si era menester, para hacer repaso de los temas pendientes como si de un funcionario más se tratara, para, se supone, decidir dónde ponían la raya azul y/o amañaban una contrata, servicio, etc. Esto último, claro, no lo dicen ellos siempre así de claro, esto es lo que se deduce y sobreentiende de las conversaciones, del tono, del hilo conductor. Del caldo de cultivo. Aquí, nada es casual. Alperi se confiesa con Ortiz y Ortiz se confiesa con todos. Es -hay sobrada constancia y evidencia en el fondo y en la forma de las conversaciones- de que esto es así. De que es él, Ortiz, el verdadero capo. De que el alcalde y sus allegados son aquí meros lacayos y esbirros de los intereses del empresario que solo esperan -se supone- sacar algo a relucir. Las migajas, quizás un viaje a una isla griega en avioneta pagago por el "sobrino", Vicente Cotino (Alperi en compañia de otra), un mini o unas vacaciones en Andorra (Sonia Castedo). Todos ellos, alcaldes y demás cohorte, son necesarios, sí, pero meros invitados a la gran bacanal que esos días y esos años se rodaba en Alicante y que, a poco que se investigue y se rasque, se podría ver el quebranto económico que ha supuesto para las arcas municipales.

Legislativo, Ejecutivo y Judicial

La tercera novedad relevante que se desprende de todo lo anterior, de todas estas conversaciones a la espera de autor, es que en la tela de araña tejida por todos y cada uno de ellos, los tentáculos están muy arraigados en los tres grandes ámbitos de decisión de la administración pública: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. El frente legalista, a través de los contactos con consellers que siempre -lo reconocen los actores- pueden facilitar el camino evitando los atascos de la libre competencia. El lado político tiene grandes valedores en los propios consellers citados -téngase en cuenta aquí que Ortiz está acusado de ser una de las empresas que ha financiado ilícitamente al PP de la Comunidad Valenciana en una de las derivadas del caso Gürtel-. Y aquí también está, claro, el ámbito competencial del propio ayuntamiento y el campo de juego que daban las sucesivas mayorías absolutas del PP. Y junto a todo ello, por qué no decirlo, la debilidad endémica de una oposición socialista que nunca supo en verdad a qué lado de la mesa quería sentarse y que cuando había que pagar precio por alguna fechoría eran ellos, los socialistas, los quese ofrecían mansamente a pagar la cuenta. Traígase aquí a colación que uno de sus candidatos y portavoces -Roque Moreno- tuvo que dimitir en mitad de legislatura cuando se supo que ¡él también! había pedido trabajo para un conocido, o el hijo de un conocido suyo, ¡qué importa eso ahora!. ¿A quién? Al gran conseguidor. A Enrique Ortiz. Por aquellas fechas la entonces alcaldesa Sonia Castedo presumía de hacer lo mismo con quienes se lo pedían, y la consecuencia fue clara: a las siguientes elecciones el PP reforzó y amplio la mayoría absoluta que ya tenía.

Maqueta del Plan Rabassa, el mega-proyecto de Enrique Ortiz que ha estado en el centro de la mayoría de las conversaciones telefónicas intervenidas por la Policía

Y, por último, la pata judicial, que es muy posiblemente la gran novedad de esta tanda de conversaciones. Aquí vemos, ahora con algo de más asombro, cómo se habla tranquilamente de contactos sospechosos tanto en los juzgados de Alicante como en el TSJ de Valencia. Ahora, años después y a la luz de estas conversaciones, empieza a tener posible explicación algunas de las polémicas decisiones judiciales de aquellos tiempos en las que los Ortiz, Alperi y Castedo salieron indemnes pese a las pruebas y evidencias que les señalaban en algunos de los casos que fueron judicializados y finalmente archivados. Aquí el capítulo dedicado a la búsqueda de un empleo en un hospital público-privado controlado por Ortiz a través de una de sus empresas para un hijo del entonces y hoy fallecido exfiscal jefe de Alicante, José Antonio Romero, no es menor. La frase de Alperi a Ortiz alertando de que "Me ha llamado el fiscal para ver si hacíamos algo con su hijo" es clara y nada menor. Como no son menores, aunque eso ya no tenga remedio, que las decisiones judiciales de aquel tiempo en el caso Mercalicante o “caso aparcamientos Ortiz” en las que algo tuvo que ver el mencionado Romero, beneficiasen en el primero de los casos al exalcalde Luis Díaz Alperi, quien finalmente fue apartado de la investigación, haciendo recaer toda la responsabilidad penal en el entonces gerente, curiosamente nombrado por el propio Alperi. El segundo caso, el de los aparcamientos de Ortiz, fue sencillamente archivado, librando de paso la cabeza de la entonces edil de Urbanismo Sonia Castedo imputada en la investigación y que se había ofrecido para salvar a su jefe, Alperi. Ya sé, ya sé, que una cosa no lleva a la otra, pero a veces uno debería saber a quien le pide trabajo, sea para un hijo propio o el hijo de un amigo.

La Policía, el periodismo y la CAM

Pero, curiosamente a la luz de estas conversaciones y de los sumarios conocidos, aquí hay dos territorios, dos ámbitos, que, aparentemente, no habrían sido salpicados ni contaminados por este proceder y que, por contra, sí suelen ser terreno abonado y apetecido en las sociedades que funcionan con tintes mafiosos o pre-mafiosos: son la Policía y los medios de comunicación. Del primero, la Policía, a día de hoy, no se conocen, lo que no quiere decir que no existan, datos que apunten a esta contaminación. Y tampoco del segundo, el mundo de periodismo, que, de momento, no ha aparecido en las conversaciones policiales desveladas pero sin cuya parcial complicidad todo esto no habría sido posible, al menos no en el alcance de la gangrena y la descomposición que vemos ha alcanzado.

Hablar hoy, aquí y ahora, de que esta estructura si no mafiosa -eso lo dirán, esperemos, algún día los tribunales- sí al menos con claros tintes mafiosos haya podido maniobrar para poner y quitar periodistas en puestos clave, directores en determinados medios, puede ser arriesgado afirmarlo y hasta ahora solo entraba de lleno en el terreno de la elucubración. Ahora, a la luz de estas conversaciones, ya no es tan descabellado pensar que algo de esto pudo existir en casos extraños y algunos conocidos de remoción de cargos. Hay síntomas de que ha podido ser así, pero faltan conversaciones, faltan conocerse los detalles de algunos viajes de aquella ominosa época en los que, eso seguro, participaron y fueron agasajadas algunos de los periodistas que han tenido que informar o decidir sobre los asuntos más turbios de aquella época, de éstos que aparecen y de otros que no son citados en los hilos telefónicos, como fue la muerte anunciada de la extinta CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo) y de la que casi todos han preferido pasar página, mirar para otro lado, pero sin cuya colaboración necesaria tampoco habría sido posible mucho de todo lo que hoy vamos sabiendo a través de un puzzle infernal de conversaciones telefónicas.

Sede de la Policía Local de Alicante, en obras desde hace años, y ubicada justo enfrente del restaurante La mafia

Y, claro, para ir terminando y tratar de cerrar el círculo de este largo, larguísimo, relato decir que quien construye las obras, hoy paradas por falta de dinero, de la mega-sede de la Policía Local que citábamos al principio y ubicada justo enfrente del restaurante de nombre La Mafia, no es otro que Enrique Ortiz, el jefe de la cosa nostra local. Y esto no lo dice el periodista que esto escribe, lo dice, bien que en tono jocoso (?), el propio Ortiz en una de las conversaciones mantenidas y grabadas con el delegado de Ikea en España, Sylvayn Laval, a propósito del gran pelotazo de 96 millones que esperaba dar con la instalación del mega-centro comercial de Ikea en Rabassa cuando le dice textualmente "Te gustó, ¿eh?.. tener un amigo mafioso".

Y decir también que el cartel gigante del restaurante La Mafia, el del principio, se completa con una segunda frase que acaba por ser la segunda, o tercera, metáfora de esta historia. Dice así: “La Mafia se sienta a la mesa”. No sé si alguna vez los Ortiz, Alperi, Castedo y demás miembros de la cofradía que aparecen profusamente citados en las conversaciones que unos publican y otros prefieren ocultar o desdeñar, se han sentado en algunas de las selectas mesas de este restaurante ubicado, ya digo, enfrente, justo enfrente, de la futura sede de la Policía Local. Pero si esto último no hubiera sido así, que podría ser, no me dirán que la imaginaria e hipotética fotografía no resumiría por sí sola década y media de gobierno con tintes mafiosos de una ciudad por parte de un patido, el PP, que parece nunca puso reparo en vender la ciudad a los intereses de un grupo de amiguetes. Y esto tampoco lo digo yo. Lo dicen, reconocen y refieren todos ellos cuando hablan por teléfono con El Jefe creyendo que no eran escuchados por nadie. Tal era su impunidad y su atrevimiento. En twitter @plopez58

Algunos enlaces para entender el asunto:

-Ortiz: "Me ilusiona el asunto y si aparte gano pasta, puta madre"

-Alperi a Ortir: "Me ha llamado el fiscal (José Antonio Romero) para ver si hacíamos algo con su hijo"

-Ortiz al enlace de Ikea: "Te gustó, ¿eh?... ¡Tener un amigo mafioso!"

-Ortiz y Castedo sobre Ikea: "Quien tiene un amigo tiene un tesoro"

 

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