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Sólido y gaseoso

Martin Luther King en su discurso de agosto de 1963 en WashintongEn su libro Todo lo que era sólido Antonio Muñoz Molina nos alerta de que todo puede ser cambiado en apenas unos segundos, revertido, de que todo lo que parece eterno y perdurable como el estado del bienestar que con tanto esfuerzo hemos construido en treinta años, puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, que nada hay inalterable, que el mañana hay que ganarlo cada día y que nada se puede dar por supuesto, que necesitamos construir sobre bases sólidas si queremos que haya futuro. Justo lo contrario de lo que hemos venido haciendo.

La Transición nos pareció un tiempo una base rocosa sobre la que crecer y hoy vemos que se está diluyendo entre la alcantarilla de la historia y las dentelladas de los tiburones de las finanzas.

Y es que hay gente que parece sólida pero son solo burbujas. Carmen Chacónpareció en un tiempo materia, pero ahora, camino de Miami, se muestra gaseosa, toda evanescente. Zapatero mismo nos hizo ver que estaba hecho de piedra pómez capaz de aguantar las embestidas del tiempo, pero ese mismo tiempo le ha dejado vacío, como aquel personaje literario condenado a pasear desnudo por las calles de su ciudad. Para muchos, Rajoy era la prueba de lo evidente, de lo arraigado a la tierra, del sentido común, pero vemos que sus respuestas son volátiles, cambiantes, evanescentes, inertes. Sólido pareció en un tiempo también Barack Obama, pero sus hermosas palabras, sus metáforas, su Yes we can, se está derritiendo como un azucarillo en el cafetal infecto de Oriente Medio, entre el gas sarín de un sátrapa como Al Assad y la ciénaga de los intereses del nuevo Imperio.

Sólido era Martin Luther King cuya frase I Have a dream (Yo tengo un sueño) todavía resuena cincuenta años después a martillazos en nuestros oídos. Por eso le mataron. Como lo era Cervantes y su Quijote, como sólidos son los acordes de los Beatles, de los Rolling Stones, las palabras en el Congreso de Labordeta a los diputados del PP que le impedían hablar. 

Y lo trágico es que, como Molina, necesitamos agarrarnos con fuerza a la orilla para no perder la esperanza, construir un futuro firme, sólido y enraizado… pero solo vemos bruma, gente gaseosa, ideas evanescentes, obamas, zapateros, rajoys, chacones, bárcenas, merkeles cualquieras…

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