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De la tragedia griega al sainete español o el pensamiento único

Lo que hay. De tanto oírlo, cansa. A Grecia solo le queda seguir la doctrina neoliberal de recortes y más recortes que propugna el FMI y la UE. Eso, o el caos, su tragedia particular. La quiebra, y por extensión la nuestra, porque se ha trasladado la imagen de que todos somos Grecia. Nos lo repiten tanto que parece una tautología, algo que no se puede discutir. Nos dicen, nos insisten machaconamente, que no hay otra salida, ni para Grecia, ni para España, ni para nadie en dificultades. Tanta es la insistencia que nos quitan la posibilidad siquiera de debatirlo. Ponen plazos y nos amenazan una y otra vez. Pero no es cierto, no puede ser cierto. A pesar de que el humo y la niebla no nos dejan ver el paisaje, intuimos que tras de estos extraños fenómenos de aparente verdad universal debe existir otro futuro más humano, mas a la medida de la mayoría. Si oímos al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, su música nos suena igual de amenazante. En su última intervención pública ha vuelto a cantar la misma canción: más recortes, menos estado, menos salarios, más reforma laboral, menos déficit. Se ha instalado el discurso único como única verdad. Si es el FMI el que visita España, más de lo mismo: más reforma laboral como receta. O sea, más despidos y más baratos. Llevamos demasiado tiempo en el que casi las únicas voces que se oyen son las de economistas agoreros que defienden estas verdades sin que nadie les discuta nada. Y cuando hablan los políticos, nuestros representantes, lo hacen por boca de ellos. Se han empapado de su verdad y la van soltando por aquí y por allá como papagayos.

La alternativa. Pero hay otras voces, aunque suenen menos, que sería bueno prestarles algo de oído. Como las de los economistas Joseph Stiglizo o Paul Krugman, que opinan en sentido contrario. Y no son cualquiera. Stigliz, Nobel de Economía en 2001, en su línea neokeynesiana vaticinó en mayo de 2010 que las políticas de austeridad –las del FMI, las de la UE, las del Banco Central Europeo y de España- llevadas a su extremo conducen al suicidio. Él habló de desastre concretamente. Krugman, premio Príncipe de Asturias de Economía en 2004 y Nobel en 2008, opina algo parecido. Ambos creen que el camino que se exige a Grecia y a las economías con dificultades por extensión, solo pueden llevar precisamente al caos que se dice querer evitar. Porque en el fondo y en la forma se trata de arrasar un país, de expoliar sus riquezas, de privatizar todo lo privatizable, de restarle cualquier capacidad de ser dirigido desde dentro y a favor de los ciudadanos que lo forman, convirtiéndolo en lo más parecido a lo que fueron los estados fallidos sudamericanos en los años setenta-ochenta: gobiernos débiles y pre-democráticos, cuando no gobernados directamente por dictadores o autócratas, economías colonizadas por las multinacionales-financieras y donde solo coexistían dos clases, los inmensamente ricos y los inmensamente pobres. Nada, o casi nada, en medio. Este camino puede convertir a Grecia, y por extensión y en mayor o menor medida a Irlanda, a Portugal, a España, a Italia… en países de segunda o tercera clase en Europa, en meros suministradores de mano de obra barata, en el este asiático de la Unión Europea, en meras copias de países sudamericanos años setenta ¿Es eso lo que quieren? Por que si es eso, bueno sería que nos lo dijesen. Que no nos sigan engañando.

Felipe González lleva años predicando en el desierto que la Unión Europea no puede conducirse mucho tiempo más solo como la conocemos ahora: como una mera unión monetaria. Que necesita de una unión política y económica fuerte, y que sólo así será posible y creíble el proyecto europeo. Lo dice, pero pocos escuchan. Lo otro es el caos, la tragedia, como Grecia ¿Se imaginan una España donde el euro fuese la moneda común, pero donde cada comunidad autónoma pudiese decidir por libre su política económica, el IVA, relaciones laborales, seguridad social, contratos de trabajo…? Eso es precisamente lo que tenemos en Europa: una sola moneda para la mayoría de sus integrantes, incluida España, pero 27 políticas económicas. O sea, ninguna política económica. Una pelea de lobos sobre el gran teatro europeo. Alemania mirándose el ombligo, Francia queriendo seguir siendo influyente pero influyendo cada vez menos y Reino Unido a lo suyo. ¿Y los demás? Los demás sólo esperan órdenes para cumplirlas. Es la Europa de los mercaderes, no la de los ciudadanos. La desafección hacia la idea de Europa crece y va a seguir creciendo. A los ciudadanos que seguimos creyendo en que Europa es la senda nos dejan sin argumentos. Si solo hay una opción no hay debate. ¿Se trata de eso? De matar cualquier alternativa. Es lo que parece.

La película. Inside Job (Dinero sucio), el gran documental americano sobre la gran implosión financiera en EE UU como origen de toda lo que ha venido después y que estos días se ha podido ver en las pantallas de algunos cines de este país, nos enseña varias lecciones. Una, que todos sabían que sus prácticas bancarias desreguladas y salvajes eran de alto riesgo. Dos, que las autoridades de EE UU de uno y otro signo (republicanos y demócratas, de Bush padre a Bush hijo pasando por Clinton) sabían también que al fondo de todo había un gran precipicio y que su única duda era cuánto tiempo tardaríamos en recorrer el camino para caer en él. Pero, sobre todo nos enseña algo que es fundamental para entender lo que está pasando y para comprender que la señal de salida a la crisis solo tenga una dirección y que esta sea obligatoria: que la mayoría de los directivos y ejecutivos de los grandes bancos, agencias de calificación como Standard & Poor´s, Fitch, Moodys y aseguradoras americanas que provocaron la gran depresión, los mismos que se enriquecieron hasta la náusea sin importarle las trágicas consecuencias de sus acciones para millones de personas que han perdido su empleo, muchos, millones, en EEUU y millones en Europa, siguen hoy al frente de los grandes centros de poder económicos de este país. Y  que, por ende, siguen siendo el oráculo de la política económica sin haber pagado peaje alguno por sus tropelías. Y esto es así porque el presidente de EE UU, Barack Obama, y su gobierno lo han bendecido. Es la otra gran lección del documental: Obama como un mal necesario para seguir haciendo el mal. Esa es la letra que es necesario entender porque nos siguen diciendo que solo hay una salida, la que marcan los mercados y los flujos económicos descontrolados, desregularizados les llaman ellos, que suena mejor. Otra cosa no es viable. Pero, seguro que es posible hallar otra salida, pues llegará un momento en el que la gente, los ciudadanos, entiendan que los recortes sin más objetivo no son la mejor opción: solo el camino a nuevos recortes y más ajustes. A más dolor. ¿Otra Grecia como metáfora es posible? Seguramente sí. Como debiera ser posible otra España, no el sainete de un gobierno que no gobierna y que solo hace genuflexiones a los gurús de la economía y de una oposición que dice lo contrario de lo que piensa porque si dijera lo que piensa no sería creíble.

El epílogo. Las soluciones que tendrían que venir de la Política con mayúsculas se toman en los despachos de los grandes entes financieros y de las élites universitarias a su servicio. No hay políticos que quieran asumir su papel mediador: son gente menor, peleles, enanos, líderes de pacotilla que sólo dan la cara porque los auténticos dueños están demasiados ocupados en lo suyo (Inside Job otra vez): enriquecerse a toda costa y no siempre de forma limpia. Y así no hay manera. ¿Es un discurso simple? Puede. O no. No quieren que creamos en la política, pero sin política no habrá futuro. Esa es la tragedia griega de ayer. Y el sainete español en el que andamos metidos. Zapatero y Rajoy incluidos y el triste debate del Estado de la Nación al que hemos asistido estos días en nuestro país con dos dioses menores haciendo que debatían, pero sabiendo ambos que hablaban de lo mismo: del  pensamiento único que todo lo impregna.

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