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Minaretes cristianos

Imagen del castiilo-santuario de Caravaca, enclavado en lo alto de una peñaMinarete. He ahí una palabra hermosa, contradictoria, tan cerca y tan lejos de nosotros. Desde el minarete, desde lo alto del alminar, se domina el discurso, el espacio y el poder se ejerce en toda su crudeza y esplendor. Directo y sin derecho a réplica. Pueden ser de resonancia arabesca, sanadores, pero no solo. También los hay donde se cobija a la tiranía y el dolor. Y están aquí, entre nosotros.   

Unos, virtuales, otros reales. Son, los primeros, los de la intransigencia de aquellos que quieren imponer sus leyes y su moral. Tienen derecho al discurso, no a imponerlo. Gallardón es ahora mismo su luz y su imán. Escuchar en YouTube a una edil del PP de Calasparra (Murcia) equiparar el derecho al aborto de la mujer con terrorismo, así, sin matices, da escalofríos y produce cansancio. Te hace preguntarte no solo por el grado de la regresión hacia la que caminamos, también si no estaremos ya en ella.

Muy cerca de allí, en Caravaca, otro pueblo del interior de Murcia, hermoso, castigado por la crisis y la especulación, malgobernado, nada nuevo, como tantos otros que vendieron su alma por una promesa fatua de oro líquido en plazos incobrables, los hay también reales. Minaretes construidos sobre los sillares de la historia.  

En esta población, el pueblo donde nací, no es necesario ir a misa de doce los domingos. Todo es una inmensa homilía. Las palabras admonitorias del capellán se oyen a kilómetros de distancia del santuario, un reconstruido castillo-santuario medieval enclavado en lo alto de una peña. 

Puedes estar tomando una cerveza, leyendo un libro, paseando por alguno de sus hermosos parajes, por las Fuentes del Marqués, y estás obligado, quieras o no, a participar en esa hemorragia moral a través de los grandes altavoces instalados en su fachada.

Lo curioso, lo extraño, lo simbólico, es que quienes utilizan estos alminares, tan cristianos ellos, tan supuestamente asépticos, los virtuales y los físicos, hablan de los otros, los minaretes árabes, con desprecio y desdén, con esa superioridad moral tan propia. Hay, creo, una cita bíblica que lo define bien: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? (Lucas 6, 41-42). Pero solo oyes silencio. En twitter @plopez58 

 

 

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