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El eclipse de las palabras

Imagen de una cola de emigrantes españoles durante los años sesentaHay que joderse (y, oiga, sin perdón). Resulta que ahora a la emigración se le llama “irse a vivir fuera de España” (telediario dixit de TVE del pasado miércoles mismamente). Uno, o una, que aquí tanto monta, se levanta tranquilamente una mañana, mira por la ventana, ve que hace un día hermoso, de esos que apetecen, el sol acaricia el paisaje suavemente, la brisa da ganas de vivir, pero, de pronto, como un impulso imparable, decide hacer tranquilamente la maleta e irse a “vivir fuera”. Eso es. Vivir fuera.

Así lo decidieron -según el INE- casi 225.000 españolitos, gentes de esas a las que cantaba Antonio Machado a las que Paco Ibáñez les puso música: “...Españolito que vienes / al mundo te guarde dios...”. Pero no, no es Machado, ni Paco, ni éstos son los años sesenta, ahora es TVE, la tele que pagamos todos para que, visto lo visto, nos haga más feliz el día y nos ahuyente los malos sueños por la noche, la que nos cuenta cuentos como este de los “225.00 españoles decidieron irse a vivir fuera entre 2008 y 2014”. Se fueron, se supone, se sobreentiende, como de vacaciones, como quien hace un viaje en busca de aventuras, en busca de los placeres de lo desconocido. Se fueron porque les apeteció. Porque les dio la gana. Nada que ver con los años de la dictadura y del hambre. Eso quede claro. Que aquello era lo que era, pura y dura emigración, y esto es lo que es, pura ansia viajera.

La España que te echa a patadas, que primero te califica de formar parte del lujoso cortejo de la “movilidad exterior”, que te asfixia el presente, que te echa de la universidad, te deja sin trabajo, te reduce el salario, te llama empleado pero te trata como esclavo, es la que ahora se niega a reconocer lo que eres. Un emigrante. Nada más.

Así las cosas, dan ganas, ahora sí, de llamarles a todos ellos por su nombre: malditos. Sí, malditos (también, y sin perdón) no solo a quienes hacen estas políticas, sino también a quienes, gentes sin corazón, periodistas (¿He dicho periodistas?) pesebreros y especialistas en enjuagar las miserias del poder en turno de a dos, se niegan a llamar a las cosas por su nombre. Solo se trataba de un titular. Solo eso. Tan sencillo como este: “Casi 225.000 españoles han tenido que emigrar para encontrar un empleo”. Es del mismo día y del poco sospechoso diario digital El confidencial. ¿Tampoco era tan difícil, no? O quizás, sí.

Ya lo dijo Machado, ya lo cantó Ibáñez “…una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”. Así andamos. Casi congelados. El frío helador que nos niega lo que somos, carne de emigración, y que nos empuja a buscar el sol que aquí nos tapan sus políticas. El auténtico y peligroso eclipse de las palabras. En twitter @plopez58

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