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La rebelión de los zombies de Castedo

Todos a cubierto que vienen los nuestros. Es justo esto lo que debe llevar a maltraer a  la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, desde hace un tiempecito acá. Ha resistido mal que bien las embestidas de una parte de la oposición (la otra sigue de vacaciones, o casi); ha aguantado el chapapote de los tribunales, cuatro o cinco investigaciones judiciales, varias imputaciones e innumerables paseíllos en los juzgados y tsj; ha contestado, envalentonada  y chulesca (le va en el ADN), a las plataformas vecinales pidiendo su dimisión en la calle; sigue aguantando día sí y día también las  penas de los telediarios… Y a todas, todas, parece haberles vencido. Hasta aquí. Ahora quienes vienen de frente y a por ella conocen sus puntos débiles porque un día fueron de los suyos.

Y es que no es difícil imaginarse a Sonia Castedo mirando debajo de la cama a cada mañana nada más despertar en busca de más cadáveres. En pocos días le han salido dos: el exedil Antonio Sobrino relatándo en AR en Telecinco las posturitas y cabriolas que entonces hacían todos ellos con Enrique Ortiz, y casi sin tiempo para recuperar el aliento a las pocas horas, vía El País, han aparecido por ahí despanzurrados los restos del náufrago/empresario/publicista Enrique Ruiz Córcoles.

El otrora jefe de marketing de cabecera le ha pasado al cobro la factura pendiente que, según él, le deben de la grandiosa campaña electoral que hizo posible y por la campaña la victoria del exalcade Luis Díaz Alperi en 2007 y que ella, Castedo, dirigió. Y ya puestos ha hecho memoria y le ha dicho que los pocos dineros que le abonaron fueron en “b”, con billetes de 500 llegados calentitos de Madrid (financiación ilegal) y algunos otros en sobres de Enrique Ortiz (más financiación y más fraude fiscal).

Dicen, creo, que hay una frase en la película El padrino que se refiere a la conveniencia de tener siempre cerca a nuestros enemigos. Castedo no solo ha ido expulsándoles uno a uno del paraíso, sino que ha renegado de ellos en público, les ha ninguneado. Pero ahora, algunos de éstos cadáveres políticos se están empezando a remover de sus tumbas de silencio y de años y se dirigen en procesión hacia su propia casa. Son los cadáveres de Castedo. Gentes que saben bien dónde está y dónde ha estado, qué ha hecho, la alcaldesa todo este tiempo y dónde se guardan las siete llaves de la caja de caudales con la que se ha pagado toda la fiesta de la corrupción.

Y claro, así las cosas, no es difícil creer que ahora sí, que contra esta Rebelión de zombies lo va a tener mucho difícil. Y todo por una sencilla razón: todos ellos no temen a la muerte. Ya están muertos. En twitter @plopez58

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