pepelopezmarin.es

Un país de robagallinas

Rodrigo Rato celebra pulgar en alto la que luego sería la gran estafa de la salida a Bolsa de BankiaLa palabra robagallinas no está en el diccionario de la RAE pero todos sabemos bien lo que significa. Por eso cuando la sexta autoridad del Estado, Carlos Lesmes, dijo el pasado martes y de forma solemne que la actual ley procesal española está "pensada para el robagallinas, no para el gran defraudador", todos giramos rápido la mirada a los Blesa, Pujol, Rato, Fabra, Griñan, Aznar, Urdangarín, Camps, Blanco, Botín, Zaplana, Dívar... Lesmes solemnizó lo obvio, lo que muchos no reconocen, pero lo que cada vez más piensa más gente: que a la diosa de la Justicia aquí se le ha caído uno de los dos platillos de la balanza.

La impresión de que cuarenta años de democracia han acabado convertidos en un viaje infernal que nos ha devuelto al punto de partida, se está generalizando de forma peligrosa. La idea de que este tiempo ha servido, sobre todo, para re-llenar las cárceles de robagallinas mientras que los grandes defraudadores, los grandes estafadores de patrimonios ajenos, los asaltacaminos de las ideas y las esperanzas de que las cosas podían y debían cambiar, siguen campando a sus anchas, disfrutando de patrimonios ajenos y regalías heredadas, todo eso es, ya digo, no una opinión sino cada vez más una constatación de la insoportable realidad que vivimos.

Cuarenta años de bipartidismo conservador/socialista se están convirtiendo a golpe de cada nuevo caso de corrupción en un mal remedo y en una mala copia del periodo liberal/conservador del XIX y principios del XX. Cuarenta años aplicando un Código Penal que hunde sus raíces más profundas en ese convulso XIX español, un código veinte veces reformado, pero siempre y sospechosamente reorientado a perseguir más y mejor al pequeño defraudador, al ratero, al robagallinas citado por Lesmes. Y todo ha ocurrido mientras, en palabras del jefe de los jueces, se ha ido ensanchando la parte del embudo por dónde los grandes mangantes de cuello y polvos blancos y sus amigos se acaban escapando. Todo lo cual –es la opinión de muchos- está dejando un paisaje insufrible y con demasiados parecidos a la ominosa noche del franquismo donde los robagallinas de corral y los discrepantes de las ideas parecían el único azote, mientras la corrupción presidía las decisiones de los consejos de Ministros. Esto último, claro, no lo dijo Lesmes, pero es la lógica y racional conclusión que se puede extraer de su propia afirmación. Las dos mismas caras de dos monedas diferentes.

Mariano José de Larra, escritor romántico del XIX, ya alertaba de los peligros de este clasismo, que hoy, dos siglos después, gallea en este país: “Generalmente, se puede asegurar que no hay nada más terrible en la sociedad que el trato de las personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus semejantes”. Más o menos lo que se sobreentiende cuando ves que un grupo de sindicalistas se lo llevaban crudo, cuando oyes a esos prebostes especializados en bancarrotas y saqueos de lo público decir, en tono altivo y prepotente ante un juez, que ellos de contabilidad nada sabían, que el medio millón de euros gastados con las black  de Bankia en caprichos e inconfesables sibaritismos de alcoba, fue poca cosa, bagatelas, calderilla, una propina a su sueldo de reyes del despelote patrio (Blesa dixit).

Si Lesmes, al que pocos, muy pocos, le han hecho la ola estos días, ha llegado a tan simple y revolucionaria conclusión es porque las cosas desde su privilegiada atalaya deben estar feas. Muy feas. Y decir que para el establisment Carlos Lesmes no es sospechoso de nada. Menos de ser amigo de robagallinas cualesquiera. Sus amistades están, a buen seguro, en el otro lado del tablero. En el otro lado del Código Penal. Lesmes es, recordémoslo también, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, cargos ambos a los que ha accedido bajo el gobierno de uno de los más meritocráticos perseguidores de robagallinas de este país, el rey del plasma, del silencio y de las evidencias que tanto nos avergüenzan, el inefable presidente del Gobierno y exregistrador de la propiedad en excedencia perpetua Mariano Rajoy.

Y es que hay detalles que en nada ayudan. Cuando el líder del PSOE, Pedro Sánchez, se refería esta semana en el hemiciclo del Congreso de los Diputados durante el debate de los Presupuestos Generales del Estado a la pobreza infantil como una de las mayores lacras de este país, la respuesta en forma de sorna, mofa, risitas y cachondeo de la bancada del PP (ahí están vídeos y audios para sonrojo propio y ajeno) que nos recordaba aquel ominoso “¡Que se jodan!” de Andreíta Fabra a los parados, era, es, la prueba palmaria de que las palabras de Lesmes y de Larra abonan sobre sembrado. Justicia para pobres y clasismo.

Bastaría, para entender, para darse cuenta de la temperatura social, poner el oído y escuchar las conversaciones y la indignación de la gente en la cola del banco, en el supermercado, en la librería, en la gasolinera, en el bus urbano, en la cola del paro... Allí, pronto te das cuenta de que la ciudadanía (ya) no se calla y que cada vez son más los que están cansados de hablar en voz baja. Pero, claro, se me olvidaba, estos personajes no echan gasolina, no van en bus, no están en la cola del paro. No son gente corriente.

Hay hartazgo. Sí, mucho hartazgo. Y eso, bien o mal mirado, puede ser el principio o el final de algo. Gasolina para un fuego que puede prender en cualquier momento. El fuego que ocultan las palabras de Lesmes, el cansancio de quienes ven que Larra vuelve a tener razón: en dos siglos hemos pasado de un paisaje en blanco y negro protagonizado por señoritos y braceros a otro donde el único color es el del dinero saqueado por la casta dirigente y privilegiada que se ha creído impune e inmune y que cree aún hoy que todo lo demás son, somos, una pandilla de robagallinas a los que se puede y debe golpear duramente con el Código Penal de la democracia. El código de Lesmes, claro. En twitter @plopez58

Este artículo se publico por vez primera el domingo 25 de octubre en el diario digital LaColumnata

El noticiero

Houston tenemos un problema: El documental que las farmacéuticas no quieren que veas

Música gitana ...y feminista

El debate de Juan Torres en La Sexta...

¿Quién ha mordido mis impuestos? o la historia de la deuda ilegítima

Así se las gasta la Marina española contra la protesta pacífica de Greenpeace en Canarias

Documental "Yo Decido. El tren de la libertad"

Suscripción

Acceso y registro

Los usuarios registrados podrán realizar comentarios sin tener que identificarse cada vez que escriben un texto.
Crear una cuenta

Webs amigas

CHAPA periodistas

Template Design © Joomla Templates | GavickPro. All rights reserved.