pepelopezmarin.es

Carta al hidalgo señor Rajoy

Mariano Rajoy fumándose un puroSeñor presidente del Gobierno del Reino de España:

Lo primero es reconocerle a usted algo que pocos imaginábamos: su capacidad de deshacerse de sus enemigos sin siquiera desenfundar la espada, sin derramar una gota de sangre. Nada de batallas florentinas, ni de duelos al sol. Sólo paciencia y espera. Infinita paciencia hasta la exasperación. Ahí, lo reconozco, se ha mostrado usted un maestro. Lo que sucede es que en los duros tiempos que corren me asalta una duda, y de ahí esta carta. Todo lo que ha sido posible en España, toda esa forma de hacer que a usted y a su partido le han reportado tanto éxito hasta llegar a la alta magistratura del Estado, no sé si va a servirnos de algo en el momento presente. Algunos poderosos, gentes de esas que mueven el mundo, no de dentro si no fuera, que son ahora los verdaderamente peligrosos, ya hablan de usted abiertamente como la gran estafa yempiezan a leerle la cartilla. Incluso empiezan a mofarse de su hidalga forma de proceder. Y eso, la verdad, duele porque usted, guste o no guste, es nuestro presidente, y de lo que le pase a usted, que dios quiera sea bueno, dependemos todos los demás.

Lo digo porque se están empezando a oír voces de fuera de nuestras fronteras que no hablan muy bien de usted y de esa forma de gobernar tan contemplativa, tan imprevista, eso mismo a lo que aquí ya casi nos habíamos acostumbrado. Pero, claro, fuera está el euro, los intereses nacionales, y algunos, incluso de los que pensábamos que eran de los suyos, ya le están empezando a ajustar las cuentas. O eso parece. Ya sé que son solo seis meses y que no se le puede responsabilizar de todo, que está la herencia, pero el tiempo aprieta y asfixia. Son periódicos económicos de nombres sonoramente conocidos por usted, cabeceras liberal conservadoras como Financial Times, The Wall Street Journal o Frankfurter Allgemeine Zeitung…, corresponsales de medios muy prestigiosos y políticos de gran peso en la UE que dejan caer como quien no quiere que se están cansando de usted, de esa forma tan suya de cambiar el nombre a las cosas, de hacer ver una cara cuando todos ven la contraria, de querer vender como un triunfo personal lo que todos consideran que es una claudicación. Y eso, la verdad, tal y como está el país, con los mercados afilando las uñas, con la prima de riesgo de infarto día sí y día también, con los enemigos históricos esperando para ajustarnos las cuentas por haberles menospreciado no hace mucho cuando aquí, ya sabe, vivían algunos mangantes por encima de nuestras posibilidades, todo eso, decía, duele. Te crea mal cuerpo y te hace pensar que estamos al borde del precipicio, si es que no estamos cayendo ya por él.

Verá, señor presidente, ayer oí en uno de esos oráculos mediáticos que parecen mover ahora los hilos del mundo, y sobre todo la economía, que como todos sabemos es más que el mundo, que a usted se le empieza a ver y comparar con la vetusta y negra figura del hidalgo español, ese personaje tan nefasto que tanto daño nos ha hecho, que tiene privilegios por herencia más que por trabajo, más preocupado por la imagen externa que por mantener en orden su casa y su hacienda, dispuesto siempre a engañar si es preciso por una concepción casposa del honor, patriotero pero no patriota, amante de la buena vida y de la contemplación pero poco aplicado en el trabajo y en el ejercicio de la responsabilidad, rentista pero poco productivo. Y eso, señor Rajoy, molesta. En fin, usted ya me entenderá, que hace daño a nuestra estima, porque sea uno o no de su cuerda o sea o no votante suyo, que eso ahora casi no importa, usted es nuestro presidente. Y por ahí, quede claro, no estamos dispuestos a pasar.

Y es que hay que recordar que cuando nadie pensaba que usted sería el elegido por el dedazo del expresidente José María Aznar allá por el año 2003, usted ganó limpiamente aquella batalla a quienes todos decían que eran mejores candidatos. Desde Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes o el mismísimo Rodrigo Rato, ya sabe aquel del que se dijo tantas veces que fue el gran artífice junto a Aznar del milagro español que ahora se ha demudado en una horrible pesadilla; vamos, tres pesos pesados que apuntaban alto pero a los que usted descabalgó sin dispararles un solo tiro. Y también, y si me permite, desde esa posición de figura hierática y un tanto distante con la realidad me viene ahora a la cabeza aquella imagen suya de quien fue capaz de enfrentarse a la mayor crisis medioambiental de este país, como fue la marea negra delPrestige en Galicia, diciendo que lo que salía del buque hundido en el Océano Atlántico solo eran unos hilillos de plastilina. Lo recordará, verdad, unos hilillos de plastilina… En fin, pelillos a la mar, quién no tiene un fallo, y a usted eso ya se lo habíamos perdonado. Pero, a lo que íbamos, que usted quitó de en medio a Acebes, Mayor Oreja y Rato sin una mala palabra, ni un mal gesto con ellos, eso fue así. Si miramos el recorrido desde entonces de cada uno de los tres vemos que de Oreja ya casi nadie se acuerda, a ver quién es capaz si no de decir por dónde anda este hombre; de Acebes, menos aún, tanto que acabó aburrido y marginado en el Congreso de los Diputados y hace años pidió su baja para pasarse a la empresa privada a ganar dinero. Y de Rato, pues qué decir. Ya se ha dicho casi todo. Si alguien pensaba que volvía para hacerle sombra, ahí está, a los pies de los caballos, con su estrella apagada y con la imagen de banquero y gestor hecha unos zorros, tanto que solo los tribunales dirán si lo que piensan muchos ciudadanos es o no verdad, al menos verdad judicial. Y todo y como siempre, sin que usted haya movido un solo dedo. Vamos, que se sepa, porque a lo mejor, usted ya me entiende, los mueve pero la gente no se entera, que también podría pasar.

Gente que no le debe querer bien siempre han comentado que usted fue el designado porque es un hombre gris, un registrador de la propiedad que sigue teniendo su plaza  en Santa Pola por si acaso y que de esta forma haría que fuese más brillante la obra de su mentor, Aznar. Eso es lo que decían, no lo que uno piensa. El caso es que usted tardó casi ocho años para llegar a la alta magistratura del Reino de España, pero ahí está y eso pese a que muy pocos apostaban por su nombre. Eso, digo, debe tener su valor. Vamos, que será por algo. Que algo debe tener el pan cuando lo bendicen y usted está claro que nació bendecido, pero y como le decía no sé si con todo eso y en estas circunstancias nos alcanzará. Esa es la duda. Y la preocupación.

Aquí ya sabíamos de su forma de proceder, de esa horma tan suya de dejar que todo se cueza a fuego lento y acabe ahogándose en su propia salsa, como esas langostas que observas vivas en el escaparate del restaurante, que ves como se mueven lentamente, pero que una hora después las tienes en tu plato, cocidas y bien muertas, tanto que si eres un poco así te cuesta hincarle el diente. Y en este punto me viene a la memoria lo del tesorero de su partido, un tal Bárcenas, implicado en la Gürtel, y al que usted defendía al principio de todo aquello con frases del estilo “Yo he hablado con Bárcenas y el me ha dicho que no tiene nada que ver con todo eso, y yo le creo”; cómo nos acordamos también de un tal Francisco Camps, ya sabe aquel ilustre presidente valenciano al que usted llamaba agradecidamente mi amigo Paco porque le sacó las castañas del fuego cuando allá por el año 2008 otra vez nadie daba un duro por usted en su partido, el mismo al que en un mitin en la plaza de toros de Valencia puso como ejemplo de lo que había que hacer en este país para salir de la crisis: “(Camps) es un extraordinario dirigente, un político honrado (…) yo creo en ti. Y estaré detrás de ti, delante o al lado, me da igual”, fueron algunas de sus palabras aquel día. Y todo ello ya cuando todo el mundo sabía lo que sabía del señor Camps, un hombre que acabó como acabó, apestado hasta en su propio partido, el de usted. Y, claro, sin que usted moviera ni un dedo para echarlo ni para mantenerlo. A fuego lento. Ese es el drama de sus colaboradores y compañeros cuando caen en desgracia, la lenta agonía . Solo esperar pacientemente a que el tiempo vaya poniendo a cada uno en su sitio. Pero, ya le digo, no sé si la fórmula será suficiente…

Pero, ahora, ahora la cosa señor presidente es diferente, porque lo que nos jugamos es el futuro de este país, de nuestros hijos para quien los tenga, y como le decía no sé yo si será suficiente con su manera de proceder. Si lo que quiere, que no creo, es que todos los ciudadanos de este país nos consumamos también a fuego lento, hay que reconocer que a fe de verdad que lo está consiguiendo. Ya casi no somos nada, nos estamos derritiendo, el país y su gente se está quedando sin fuerzas. Desde que usted es faro y enseña hemos perdido toneladas de autoestima, estamos casi hundidos, no vemos salida alguna y solo con mirar las estadísticas (más de 90% de los españoles son pesimistas sobre el futuro), se nos pone un cuerpo horrible. Y así, entenderá, no hay quien viva. Y eso, señor Rajoy, es duro. Incluso muy duro. Pero, claro, esto último no es que lo piense yo, que al fin y al cabo solo soy un escribiente de nada, uno más entre un millón, si no que lo grave es que empiecen como parece que han empezado a pensarlo nuestros socios europeos, esos a los que dice que no le presionaron para el rescate que usted y su ministro de Economía han bautizado como línea de crédito en condiciones ventajosas (“A mi nadie me presionó, el que presionó fui yo”, llegó usted a afirmar el domingo último para explicarlo como el gran éxito de su gestión), gentes, decía, que no paran de desmentirle y dejarle a los pies de los caballos, como ayer mismo lo hacía el presidente de la Comisión, el señor Durao Barroso, al desvelar que fue él quien le convenció por teléfono de pedir esos cien mil millones de euros para los bancos con agujeros negros. Eso, señor presidente, entenderá que preocupe.

Por eso y ya para terminar, pedirle que, por favor, nos diga la verdad. ¿Quiere usted a su país? ¿Quiere usted a la gente, rica y pobre, mayor y menuda, que vive en este trozo de Europa? Si es que sí, y suponemos que en ambos casos lo es, le pedimos que recapacite y piense si su forma de gobernar, esa hidalga forma de hacer que las cosas se decanten por puro cansancio, no vaya a ser en verdad la causa del desastre. No dude de que nosotros solo deseamos lo mejor para usted, pero, eso sí, no queremos desfallecer lentamente en el intento como si solo fuéramos súbditos y no ciudadanos. Piénselo, señor presidente, y si puede antes de que sea demasiado tarde y los de fuera nos vuelvan a dejar otra vez a oscuras la casa. Y ya sabemos cuando en este país nos dejan solos lo que nos  pasa, que me duele hasta recordárselo. Y eso, por nada del mundo, es lo que deseamos. En twitter @plopez58

El noticiero

Houston tenemos un problema: El documental que las farmacéuticas no quieren que veas

Música gitana ...y feminista

El debate de Juan Torres en La Sexta...

¿Quién ha mordido mis impuestos? o la historia de la deuda ilegítima

Así se las gasta la Marina española contra la protesta pacífica de Greenpeace en Canarias

Documental "Yo Decido. El tren de la libertad"

Suscripción

Acceso y registro

Los usuarios registrados podrán realizar comentarios sin tener que identificarse cada vez que escriben un texto.
Crear una cuenta

Webs amigas

CHAPA periodistas

Template Design © Joomla Templates | GavickPro. All rights reserved.