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La olla africana de Gomendio

La número dos del ministerio de Educación, Monserrat Gomendio, propone préstamos para quienes no puedan estudiarA veces el futuro depende de un objeto, por mísero que este sea. Bien lo saben muchos. Bien parece saberlo la número dos del ministerio de Educación, Monserrat Gomedio. La escena es escalofriante. Aparenta cierta superficialidad pero va al fondo del drama humano. Lo cuenta Ryszard Kapuscinski en Ébano, una crónica descarnada sobre los movimientos revolucionarios en África años sesenta del pasado siglo. Es la pequeña historia de la mujer que solo tenía un olla. 

El periodista y escritor polaco había decidido instalarse en uno de aquellos callejones de un barrio de Lagos (Nigeria) donde vivían los africanos para poder contar a sus lectores lo que pensaba y sentía aquella gente en pleno fervor revolucionario, lejos de las zonas seguras donde residían los blancos europeos y la mayoría de los periodistas.

La mayoría de aquella gente se podía adscribir a dos grupos: los que no tenían nada y los que, afortunados, eran dueños de un objeto, un solo objeto. Entre ellos había una mujer cuyo único patrimonio era una olla. Esto le permitía comprar algo de comida, guisarla y venderla a los que no siquiera disponían de ella. Una noche se oyó en el callejón un grito desgarrador. Era aquella mujer que había enloquecido. Fuera de sí daba vueltas sobre sí misma. Le acababan de robar la olla. “Vi el robo - escribe Kapuscinski - como un homicidio, como un asesinato”.

La número dos del ministerio de Educación, Monserrat Gomendio, con un patrimonio declarado de casi 15 millones de euros, ha propuesto que los estudiantes universitarios españoles que no tengan dinero para pagar sus estudios puedan acceder a préstamos sin intereses si quieren estudiar. Ha propuesto prestarles una olla. Primero les robaron el presente cuando les obligaron a abandonar las clases para irse a la obra; ahora, sin obra que ofrecerles, quieren negociar con sus sueños. Ofrecerles una olla para que se vayan cocinando a fuego lento.

Si un día, estos mismos estudiantes, estos mismos jóvenes, como la mujer africana de Kapushcisky, enloquecen y empiezan a dar vueltas sobre sí mismos, que no se extrañen. Y si el fuego acaba quemándolo todo, incluidos los barrios donde viven los gomendios de turno, ya saben las respuestas. Que miren a África, una tierra que aún hoy, medio siglo después, no ha logrado, superar aquella escena. ¿Es esto lo que quiere Gomendio y quienes la animan con su oferta de una olla llena de agujeros para los jóvenes de este país? En twitter @plopez58

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