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El descuartizador de la patria

España se rompe, sí, pero no por las costuras nacionalistas que tanto gustan de utilizar los próceres del PP como Mayor Oreja, José María Aznar o Esperanza Aguirre en nada que les aprieta el zapato de sus intereses políticos y empresariales y sienten que el gobierno lo ocupan otros. España se rompe, sí, pero no por los discursos liberadores de unos políticos que sueñan con ser reyezuelos en su solar patrio de las comunidades con tendencias centrífugas. España se rompe, sí, y esta vez de verdad, pero como consecuencia de las políticas neoconservadoras y neoliberales de quienes hablan todo el rato y todo el tiempo de Es-pa-ña como algo sagrado, como si el nombrarla mucho les permitiera espantar los demonios que tanto cinismo y desvergüenza provocan en las cuadernas del país sus míseras actuaciones.

España se rompe, sí, pero no es Zapatero, ni ETA, ni los nacionalismos varios que la habitan, es Rajoy y su gobierno los que está dando grandes pasos hacia su partición y desmembramiento. Por un lado, la gente con trabajo y por otro la gente sin trabajo; por un lado los que pueden pagarse la universidad y por otro los condenados a pasar de largo; por un lado los hombres y sus trabajos, al otro las mujeres y los/sus cuidados; a un lado los que se cobijan debajo de la bandera rojigualda, al otro los estigmatizados por violentos porque sueñan con la tricolor republicana; por un lado, los que podrán ir al médico a nada que sientan un ligero malestar, un vómito, un simple dolor de cabeza, y por otro los que deberán demostrar que se están muriendo para ser atendidos unos segundos antes de expirar, hasta el punto de que esta medida ya ha dividido al país: ocho comunidades, incluida una del PP, Galicía, se han rebelado contra el Real Decreto Ley 16/2012 que entra mañana sábado 1 de septiembre en vigor y que dejan sin atención primaria a cerca de doscientos mil inmigrantes sin papeles.

Es lo que tiene las cosas, que quienes más han hablado a diario contra la ruptura de la patria son, al fin de cuentas, quienes más hacen porque el despiece sea total e irreversible. Y, además, parecen dispuestos a llegar hasta el final. Salvo, claro, que queramos una patria sin sanidad universal, sin justicia para todos, sin educación en igualdad, sin dependencia, sin solidaridad, sin igualdad de oportunidades, con derechos de cuna, sin atención a la discapacidad, a la diversidad… Pero esa es una patria sin alma, es solo una comunidad de intereses y para eso ya están las sociedades mercantiles. En twitter @plopez58 

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