pepelopezmarin.es

Algunas preguntas (im)pertinentes ante la llegada del AVE a Alicante

Un convoy AVE en la estación de tren de Alicante durante una de las pruebas realizadas estos días¿Habrá vida en Alicante después de la llegada del  AVE? Leyendo los periódicos estos días, escuchando a políticos y sesudos empresarios estas últimas semanas, casi se diría que no. Que la vida empieza y acaba en ese pajarraco con cara de pato. Y que todo lo demás, el antes y el después, está idem: o sea, de sobra. Todo parece quedar bajo su protector manto, bajo su beatífica influencia. Pocos parecen tener interés en mirar más allá del fragor de esa batalla y del resplandor de este (presunto) negocio del que algunos ya venden el humo del final de una crisis. Pero quizás hay  preguntas que deberíamos hacernos en tanto y mientras tanto: ¿Qué haremos el día después si las cosas no fueron como las soñamos? ¿Habrá reparto de beneficios o los dividendos irán a engordar los bolsillos de siempre? ¿Será la llegada del AVE la justificación para dar un golpe de muerte a la ya maltrecha red ferroviaria de cercanías? Quizás aún no sea demasiado tarde para que intentemos buscar las respuestas a éstas o parecidas preguntas. O quizás, sí.

A diario escuchamos declaraciones de tono político que inciden en denunciar alguno de estos aspectos: uno, la improvisación de Adif en la pre-llegada. A falta de tres semanas, para su supuesta inauguración (la fecha sigue guardada bajo el arcano de las siete llaves) aún no ha desvelado ni horarios, ni precios, llegándose al estrambote de la venta de billetes que ayer anunciaba un diario provincial de que si quieres billete de tren entre Alicante y Madrid (400 km) para Hogueras debes comprar billete con parada en las estación intermedia de Valencia (600 km). Y dos, la marginación. Es este, el de la marginación, otro de los aspectos ampliamente comentados y con gran eco en toda la ciudad y siempre comparado a la puesta en marcha de otros AVEs.

Todo, como se ve, surrealista y propio de una administración que improvisa hasta en la forma de improvisar. Cómo no será que la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo, no desaprovecha ocasión para reconocer que sus compañeros de Madrid la tienen olvidada y ninguneada, dando pie a rumores y comentarios -sin confirmar, claro- que apuntan a que el verdadero escollo no es otro que ella misma: ni Mariano Rajoy ni la ministra de Fomento, Ana Pastor, estarían por la labor de hacerse la foto junto a una alcaldesa con tantas y tan graves  imputaciones en tan magna ocasión. O sea que, de ser mínimamene cierta esta teoría, hay asegurado choque de trenes.

Este parece, pues, el único debate: el de la improvisación y el de la marginación. Ya no solo es Valencia, sino también Madrid quien nos quiere mal y nos engaña. Eso mantiene viva la llama pero es un fuego que está condenado a apagarse conforme el AVE empiece a entrar en la Estación de la Avenida de Salamanca ysus convoy a abocar turistas y pasajeros.

Más allá de toda esta parafernalia dialéctica, cuyo objetivo en el corto plazo no parece otro que buscar posicionarse en el primer plano de la fotografía que certificará que el AVE ¡por fin! llegó a Alicante, hay otra realidad ferroviaria a la que, a juicio del que esto suscribe, se le está prestando poca o nula atención y que responde a alguna de las siguientes preguntas: ¿Qué pasará en el corto, medio y largo plazo con las líneas de tren convencional actualmente existentes? ¿Por qué a casi nadie con mando en plaza le parece interesar abrir ahora este debate? ¿No estaremos vistiendo el santo del salvífico AVE y desvistiendo el santo de la ya escasa vertebración provincial si no somos capaces de acompasar ambos acontecimientos y ambos debates? ¿Va a justificar el dichoso AVE el desmantelamiento del ferrocarril tradicional? Y si esto ocurriese, y existen factores que apuntan por aquí, ¿cuáles van a ser las consecuencias para las economías familiares más modestas de la provincia y nos las de escala tan de moda ahora en los discursos políticos? Como casi siempre seguimos hablando de las grandes cifras y olvidamos que la renta no es siempre mejor por ser más grande si no por ser más justa. 

Cuando pase el estruendo de los cohetes, cuando el AVE haga el recorrido Madrid-Alicante en esos cien minutos prometidos cuando Zaplana mandaba en Valencia, Bono en Castilla-La Mancha y Aznar en Madrid, y eso pasará más pronto que tarde pese a todo el ruido de ahora y a la aparente incertidumbre del momento, entonces, me temo, algunos  empezarán a lamentarse de no haberse hecho algunas de estas preguntas mucho antes y cuando había capacidad de presión. ¿Habrá protestas? Puede. Pero ya será tarde. ¿Habrá lamentos? Podemos estar seguro de que los habrá, pero ni de consuelo servirán.  

Cuando el AVE empezaba a ser una realidad en las promesas de unos y de otros, a ocupar espacios destacados en los programas electorales de PP y PSOE, cuando ambos partidos rivalizaban en poner traviesas como si fueran ya cimientos de futuro, recuerdo bien que siendo conseller de Infraestructura del Consell el malogrado José Ramón García Antón se dijo y se prometió -ahí está la hemeroteca- que la llegada del AVE a la provincia iría paralela y acompañada de la creación/potenciación de una red de cercanías aprovechando la plataforma viaria que dejaban libre los viejos Euromed, Alvia y Talgo y demás familia. Muy buenas palabras de las que, con el paso del tiempo, y la crisis que todo lo justifica, poco más se ha sabido. Si te he visto no me acuerdo. Salvo, claro, alguna declaración que viene a confirmar lo peor: si les mandamos el AVE ustedes verán qué hacen con lo demás. Y si por no haber no hay dinero ni para las becas de comedor escolar, a ver quién se pone ahora a pensar en el necesario plan ferroviario de cercanías. Se empieza por abandonar el servicio y se acaba por bajar la persiana. Para incrédulos, esta noticia de hoy mismo: Renfe comienza a suprimir trayectos y frecuencias sin avisar a los viajeros

Y es que la realidad siempre tan tozuda nos ha ido demostrando que allá por donde el AVE ha ido pasando no ha vuelto a nacer la hierba de los trenes convencionales. Que éstos, desgraciadamente, han ido languideciendo de forma lenta pero aplastante es un hecho. El Gobierno central ha ido dejando de estar interesado en estos recorridos alternativos y los gobiernos autonómicos nunca centraron ahí sus ojos. Esos trenes a precios sensiblemente más bajos, con diferencias de hasta 1 a 3, esos convoy al alcance de estudiantes, de trabajadores que ven en el billete ordinario del AVE un artículo de lujo al alcance de muy pocos bolsillos, van siendo inexorablemente expulsados a las carreteras y a las autovías, a los autobuses (los verdaderos beneficiarios del desmontaje del viejo modelo ferroviario) sin que el fenómeno merezca ni un RIP por parte del político de turno, ni de los representantes empresariales, tan atentos, como casi siempre, a los grandes fastos y desafectos con la microeconomía que enriquece a los pueblos. 

Es lo que ha pasado en otros sitios y lo que, me temo, puede acabar pasando aquí también. Para entender de qué estamos hablando, un ejemplo: hoy mismo, día 6 de junio de 2013, entre las estaciones de Alicante-Villena circularán 30 trenes en ambos sentidos según podemos comprobar en la página web de Renfe. Y la pregunta es: ¿cuántos circularán el 6 de junio del año próximo?

Vista de la fachada histórica de la estación de ferrocarril de AlicantePocos escritos más ilustrativos sobre esto mismo que el que publicó el 8 de enero de este año en el diario El País el profesor de Política Económica en la Universidad de Barcelona Xavier Fageda y cuyo título de entrada ya no engañaba a nadie: El despilfarro del AVE. Para quienes no tuvieran ocasión de leerlo en su día recomiendo vivamente su lectura. Unos datos y unos argumentos que, a buen seguro, no van a dejar indiferentes a casi nadie. A los partidarios del AVE a toda costa porque les va abrir algunas interrogantes con las que no habían contado en su ensoñación; y a los detractores de la apuesta de esta faraónica por mal planteada y mal ejecutada estructura de transporte de pasajeros en España, porque les pone a su disposición todo un arsenal de datos y pronósticos que dibujan un día después mucho menos festivo del que nos quieren vender. Y eso también va con Alicante. 

De modo que, dándole vueltas al titular que encabeza esta reflexión, creo que, humildemente, no estaría demás que quienes tienen voz y tienen voto se hicieran antes de que fuera demasiado tarde algunas  preguntas más de las que parecen centrar el debate y que van más allá del precio del inminente AVE y de las frecuencias. No estarían demás, digo, que se interrogasen por las consecuencias que puede acabar teniendo para la ya maltrecha cohesión social de esta provincia y para la vertebración del territorio la llegada del soñado AVE si, al mismo tiempo que aplaudimos su llegada, nos olvidamos de vindicar el tren convencional. Ya entiendo que decir esto, justo y ahora, a las puertas del gran acontecimiento, puede sonar a una cierta impostura. De eso, precisamente, se trataba. De ser (im)pertinentes. En twitter @plopez58

El noticiero

Houston tenemos un problema: El documental que las farmacéuticas no quieren que veas

Música gitana ...y feminista

El debate de Juan Torres en La Sexta...

¿Quién ha mordido mis impuestos? o la historia de la deuda ilegítima

Así se las gasta la Marina española contra la protesta pacífica de Greenpeace en Canarias

Documental "Yo Decido. El tren de la libertad"

Suscripción

Acceso y registro

Los usuarios registrados podrán realizar comentarios sin tener que identificarse cada vez que escriben un texto.
Crear una cuenta

Webs amigas

CHAPA periodistas

Template Design © Joomla Templates | GavickPro. All rights reserved.