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Hay que matarse uno para cuadrar las cuentas

Taro Aso, ministro japonés de finanzas

El ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, ha descubierto la fórmula magistral para cuadrar las cuentas públicas de sus país, por cierto uno de los más endeudados del mundo: ha pedido expresamente a sus conciudadanos más ancianos y enfermos que pidan número en el médico para hacerse el haraquiri y vean de quitarse de en medio lo antes posible para dejar así aire y recursos públicos que destinar a lo necesario. Por ejemplo, sus empresas, de las que es uno de los máximos potentados de su país en varios sectores estratégicos. Aquí no llegamos a tanto, pero...

Hitler, al que tampoco debieron cuadrarle las cuentas durante un tiempo, lo hizo más a lo bestia: gaseó a millones de judíos, hizo jabón con sus despojos y así liberó recursos para dedicarlos a la raza aria y poder hacer la guerra durante más tiempo. Franco, émulo de aquel, también cuadró las cuentas liberandos recursos ajusticiando a miles de republicanos. De esta manera el régimen ya no tuvo que preocuparse de tener siquiera que llevarles un plato de lentejas a las cárceles donde los tenía confinados. Son dos ejemplos que nos ilustran de las lecturas que han debido ilustrar e inspirar a Taro Aso.
 
Rajoy y cia no han llegado a tanto, pero démosle tiempo. Sus medidas son más sibilinas, parece que se notan menos, pero a medio plazo pueden tener el mismo efecto. Por ejemplo, si retiras recursos a la ciencia, a la investigación y a la educación estás haciendo que cientos de miles de jóvenes (el año pasado unos 150.000 y 300.000 en años anteriores) tengan que abandonar el país, lo que no deja de ser una muerte en vida. Otro. Si obligas al copago sanitario casi indiscriminado a los pensionistas como se está haciendo es muy probable que muchos de ellos abandonen sus tratamientos y dejen de ir al médico para no abonar el euro por recetas. No les pides claramente que se mueran, pero el resultado para cuadrar las cuentas puede ser el mismo. 

De toda esta historia me inquietan dos cosas. Una es pensar que muchos de los que hoy gobiernan el mundo no dirían nunca en público lo que Taro Aso ha dicho, pero a buen seguro piensan como él. Lo segundo, es que el ministro japonés este no le haya puesto edad para matarse uno a sí mismo para colaborar con tu país. Por ejemplo, si hubiera pedido que se suiciden todos los mayores de 70 años las posibilidades de que las finanzas públicas se regenerasen serían espectaculares simplemente poque los que superan esta edad son millones. Claro que, seguramente, deber ser porque Taro Aso, el ángel de la muerte metido a contable público, cuenta con 72 años y entonces tendría que haber predicado él mismo con el ejemplo. Y eso ya sería pedir demasiado. En twitter @plopez58 

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