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A mi sí me gusta Eurovegas (y los hombres de negro)

El magnate americano del juego, Sheldon Adelson, impulsor de EurovegasYo apuesto claramente por Sheldon Adelson y sus hombres de negro. Es más, desde hoy voy a defender con la fe del converso el proyecto ese del que casi todo el mundo, salvo Esperanza Aguirre, Artur Mas y unos pocos más, hablan mal. Bien pensado y bien mirado esta versión europea de la ciudad del juego de Las Vegas de Norteamérica no puede ser más que la guinda del pastel que ya estamos cocinando a fuego no tan lento en España (cada día sucede algo tal que cuando te acuestas el país que dejas atrás no tiene nada que ver con el que te encontraste al levantarte por la mañana).

 

¿Qué es Eurovegas? Un lugar donde el juego y la prostitución van de la mano, un lugar donde el blanqueo de dinero tiene ciertas facilidades. ¿Y qué? ¿Hay mejor sitio que este país para todo eso? También es posible que sea un punto de encuentro, un lugar donde la ilusión de hacerse rico siempre te abra una ventana imposible cuando ya hayas perdido y agotado todo el sentido a la vida. ¿Y eso está mal? Si sabemos, porque nos lo recuerdan a cada cinco minutos, que no tenemos futuro, que somos seres infectos en un país menor, pues tener ahí una puerta a los sueños imposibles, será siempre una tabla de salvación y una vía de escape cuando ya esté todo perdido.

Que sus promotores pidan leyes ad hoc en cuestiones tales como el pago de impuestos, materia laboral, urbanismo a la carta, humo a discreción… ¿cuál es el problema? ¿Dónde está la diferencia? Llevamos cuatro años haciendo leyes por encargo que nos exigen gentes cuya trayectoria e historia tiene poco que envidiar al oscuro magnate americano del juego, haciendo caso a organismos tales como el FMI, la Troika o Bruselas (nunca entendí eso de que una ciudad tenga capacidad de pedir algo) y aquí estamos. De mal en peor, caminando hacia atrás y con los ojos vendados hacia un abismo que deseamos llegue pronto, porque en casos como éstos toda muerte es al fin una liberación.

¿Que quieren además que el dinero lo pongamos nosotros? Faltaría. Sin problemas. Sabemos de qué va esto. Ya lo hemos hecho otras veces. Sólo el parque de Terra Mítica de Benidorm, otro sueño de un tipo de la misma especie de visionarios que el tal Adelson, lo acabamos de vender por 312 millones menos de lo que nos costó levantarlo. ¿Ha pasado algo? ¿Ha ido alguien a la cárcel? Y si nos falta la pasta, para eso está Merkel, Hollande y Rajoy pasteleando el no rescate de los cien mil millones para nuestros bancos. Para que no nos falte aunque no tengamos para medicinas.

Va para dos años que llevamos haciendo leyes y más leyes que están convirtiendo el derecho al trabajo en lo más parecido a la esclavitud (no se pierdan las declaraciones de la ministra de Trabajo italiana, Elsa Fornero, tras aprobar la dura reforma laboral de su país: “El trabajo ya no es un derecho, debe ser ganado, incluso con sacrificio”); leyes que están convirtiendo a los asalariados en seres culpables mientras no se demuestre lo contrario, a los funcionarios en delincuentes especializados en el escaqueo; aprobamos normas que a diario nos recuerdan que no somos más que unos parias desagradecidos, despreciables pirañas de los servicios públicos, unos vulgares desarrapados que no merecemos ni el aire que respiramos, consumidores impulsivos y caprichosos de medicamentos… ¡Y encima nos quieren cerrar esta ventana de esperanza! No puede ser. No hay derecho.

A mi me gusta Eurovegas, sí. ¿Pasa algo? Si lo vemos con distancia entenderemos que es el complemento perfecto para nosotros. Un Gran Casino dentro de otro gran casino. Un lugar tal como nuestro propio país, donde la parte dura de la Ley solo se aplica a los flojos y a los débiles, a los inmigrantes, a los sospechosos, a las prostitutas que hacen la calle, a los niños en edad escolar, a los ancianos, a los dependientes, a los mineros… un país donde se premia a defraudadores y chorizos de alta cuna y alta alcurnia, donde los jueces nos riñen porque les pedimos cuentas. Un proyecto como este sólo haría que certificar lo que ya somos. El sello perfecto que vender fuera.

Ahora bien, lo que me perturba y quita el sueño es lo del nombre ese de Eurovegas. ¿Quién apuesta hoy ya siquiera una vieja peseta a que la Unión Europa y el euro no son ya historia pasada en el Continente? En eso, solo en eso pido una serena reflexión antes de cometer otro euridicidio. Europa no tiene la culpa. En twitter @plopez58

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