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España, entre el Titanic y El Hundimiento

Ya saben aquella escena de la orquestilla tocando sin parar mientras el mayor transatlántico de recreo jamás construido, el Titanic, se hundía de forma irremediable y sus pasajeros huían despavoridos hacia una muerte segura en el fondo de las heladas aguas del océano. Lo importante, entonces y parece que también ahora, es la apariencia de normalidad. Que la música siga sonando aunque el agua nos ahogue la esperanza y casi no nos deje respirar. La sociedad española se está despeñando pero el Gobierno sigue actuando como si no pasara absolutamente nada. Se diría que sólo parece preocupado porque la orquesta no deje de sonar.

 

Los conflictos sociales crecen y crecen. Los contenedores de basura ya no son solo contenedores sino que han acabado siendo para miles de personas de este país la última esperanza para poder comer algo al cabo del día; ser emigrante sin papeles se está convirtiendo en un estigma que te deja fuera del sistema; la sanidad ya no es universal;  la educación empieza a ser posible sólo para quienes puedan pagársela… pero los responsables nos hacen ver una y otra vez que nada de esto va con ellos y ordenan, también una y otra vez, que siga tocando la orquesta.

Es, de momento, una sensación, pero puede que sea algo más. Que sea un plan y una estrategia política de fondo cuyo objetivo no sea otro que hundir este país todavía más no parece descabellado. Si Montoro ya confesó una vez en la oposición que no le importaba que España se hundiera porque ellos la levantarían, la pregunta que cabe hacerse es si ahora son ellos los que la hunden, ¿quién tendrá que venir después  a levantarla?

Llama poderosamente la atención la escasa, por no calificarla de ninguneo, respuesta del Gobierno a las protestas y huelgas de la minería. Van para 30 días de paros en las cuencas mineras y Rajoy y su gobierno han logrado que el conflicto quede reducido a una cuestión menor, casi lateral, de la actualidad nacional. Es como si hubiesen entendido que lo mejor para que un fuego no arda es no echarle leña. Y a fuer que están cumpliendo el manual. Pese al esfuerzo de algunos (pocos) en mantener vivo el conflicto, los grandes medios de comunicación están echando aquí una mano importante al Gobierno. El conflicto ha quedado reducido así a una corriente de fondo en las redes sociales y poco más. En el listado de la agencia informativa diaria del país es, o parece, casi una anécdota.

Este es el caso más palmario por su actualidad y por sus connotaciones históricas, pero el mismo procedimiento se ha utilizado en la infinidad de protestas que recorren este país en los últimos meses. Silencio, y esperar a que las protestas se ahoguen en su propio vómito sin pensar en el coste social y de desafección política que ello puede engendrar. Ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, donde ha habido en los cuatro primeros meses del año una movilización sin precedentes en democracia con decenas y decenas de miles de personas en las calles semana tras semana y antes las que nadie del Consell parece haberse dado por aludido. Ni un solo intento creíble de negociar nada, ni un solo intento creíble de acercar posturas, ni un solo intento de mostrar la más mínima compasión, que no comprensión, con las demandas. Si no fuera porque hasta resulta difícil admitirlo casi se diría que existe la intencionalidad premeditada de crear dolor.

El presidene Alberto Fabra y su gobierno han optado por la huida hacia adelante con declaraciones que, en algunos casos, rozaban el desprecio y en otros eran exponentes del vacío. Solo oír hablar de vez en cuando a la consellera de Educación, María José Catalá, da escalofríos. Su altanería, chulería y soberbia provoca terror dialéctico. Un repaso a sus manifestaciones deja claro que para ella el enemigo, ahora sí, son precisamente los trabajadores de la enseñanza. Habitualmente trata a la comunidad educativa como si fuera un nido de delincuentes. Quien crea exageradas estas palabras que haga una búsqueda en Google y verá. Y eso, quiérase o no, no puede ser casualidad y tiene que obedecer a una estrategia. Que, pase lo que pase, siga sonando la orquestilla.

El Gobierno de Rajoy y el partido que lo sustenta están aplicando un programa de máximos que ni por asomo es el programa electoral con el que ganaron las elecciones del 20N, pero no parece que sientan que deban dar alguna explicación. El no debate del Estado de la Nación forma seguramente parte de esta misma estrategia: sabemos lo que tenemos que hacer y lo vamos a hacer sin que nada ni nadie nos importune, cueste lo cueste y caiga quien caiga.

A pesar de que cada vez son más organizaciones y entidades sociales de todo tipo, algunas próximas al propio Gobierno, que alzan la voz y cuestionan esta forma caciquil y distante de proceder, no hay respuesta. Ni cambio de rumbo, ni siquiera palabras de comprensión. Si Cáritas alerta de que no le corresponde a ella hacer el trabajo que tendría que hacer el Estado y que la presión social derivada de la crisis y de las decisiones del propio Gobierno pone las costuras de la organización al borde del colapso, que nadie espere respuesta ni palabras de aliento desde los aledaños de Moncloa. El rumbo sigue firme hacia el desastre. La música sigue sonando aunque gran parte del pasaje hace tiempo que dejó de bailar. Si son los sindicatos médicos los que alzan la voz porque creen que las decisiones que se están tomando en el Ministerio de Sanidad rompen la universalidad del servicio y condenan a amplias capas de la población a una sanidad de beneficiencia, Ana Mato, la ministra, sigue a lo suyo y hace como que no oye. Y así podríamos seguir poniendo ejemplos hasta el infinito.

Defendía Aristóteles allá por el siglo IV antes de Cristo la preeminencia de los buenos gobernantes sobre las buenas leyes: “Un Estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”. Llegados a este punto no sabe uno ya si lo que está sucediendo en este país es doblemente desastroso: que las leyes que se están imponiendo a golpe de decreto (reforma laboral, recortes en sanidad, educación, servicios sociales, emigración…) son decididamente perniciosas y dañinas son cada vez más los que así lo creen, pero lo grave es que cada vez cuesta más encontrar a ese hombre bueno en el Gobierno que decía Aristóteles, ese gobernante que, al menos, escuche y dé esperanza a la ciudadanía. Decía alguien que en situaciones trágicas están las palabras para curar. Pero aquí ya no hay casi palabras. Sólo música y siempre la misma.

Si empezamos este comentario con una película -Titanic- otra memorable cinta –El Hundimiento- podría servirnos para cerrar. En la magistral obra del cineasta Oliver Hirschbiegel se nos muestra con una gran dosis de realismo los últimos días del Führer y su reducido séquito de incondicionales en el bunker de Berlín previo a la toma de la ciudad por el Ejército Rojo. Los escasos escarceos que la cámara hace al exterior de aquel espacio de mando son para mostrarnos una ciudad totalmente destrozada y herida de muerte por una guerra sin piedad. Dentro del búnker, la vida parecía seguir con cierta normalidad, sus personajes parecían igualmente ajenos a todo y seguían haciendo casi una vida normal obedeciendo las órdenes de un demente. Ni siquiera las noticias que hablaban de derrota tras derrota en el frente de batalla parecían ser tenidas en cuenta por el Alto Mando. ¿Puede ser que esto mismo sea lo que nos esté ocurriendo? Que el capitán Rajoy haya ordenado que siga tocando la música de la austeridad aunque el país entero se desangre. Y que él y su Gobierno, metidos en su búnker y ajenos a todo lo que sucede en la calle, piensen que están ganando la batalla.

No sabría decir con certeza si las cosas llegan a este extremo, pero ciertamente cada vez da la sensación de que se aproximan más y que casi nos va quedando ya una sola salida: elegir entre la música del Titanic ,aquel “!Más cerca, oh Dios, de ti!, que según la leyenda era la pieza que sonaba cuando las olas ya se habían apoderado del barco, y el final trágico de El Hundimiento, cuando vemos claro que la negativa hasta el final de Adolf Hitler a pactar un armisticio con los Aliados fue la causa del inmenso dolor sobre dolor infligido a su propio pueblo. Esperemos que, pese a todo, no tener que llegar a tanto. En twitter @plopez58

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