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A la intemperie

En Intemperie el escritor Jesús Carrasco nos propone un viaje aterrador, un viaje sin nombres, sin fechas, sin lugares comunes. Un niño de edad indeterminada huye de la civilización, de sus padres, hacia el inhóspito páramo, un lugar reseco, olvidado, vacío, donde solo las alimañas tienen su hábitat, un lugar con tan poco futuro como el que deja atrás. Parece que hablara de nosotros mismos.

Si lo pensamos bien es más o menos lo que pasa ahora. Ves y oyes hablar a gentes como las que hoy nos gobiernan y no hace falta siquiera imaginar ese páramo. Está aquí. Lo notas. Lo hueles. Sabes que no te queda otra que huir. Irse antes de que te echen.  

En la novela de Carrasco, una historia dura, áspera, sin concesiones, labrada palabra a palabra, a golpes de martillo y con esfuerzo, solo cerca del final entiendes de qué huye el niño, quién le persigue. Huye del alguacil, que lo sodomizó, de sus padres, que lo permitieron, de un poblado lleno de gente con tierra en los ojos que prefiere no ver, del poder atávico que se hereda, de la maldad. ¿Nos recuerda algo?

Curioso que en su viaje solo encuentre el amparo de un viejo cabrero, como él también fugitivo, reseco como el paisaje. Más o menos como muchos de nosotros ahora. Obligados uno y otro día a huir de la ruindad, de la necedad, de quienes pretenden sodomizar nuestra libertad, de quienes quieren acallar por la fuerza de la sinrazón, detener per se, esclavizar por –eso creen- derechos heredados.

El gran escritor mejicano Juan Rulfo, creo recordar, dice en algún pasaje de su casi única y memorable obra de El llano en llamas algo así: “La única esperanza frente a tanta violencia es poder sentarse a ver pasar el cadáver de tu enemigo”.

Así deben sentirse –nos sentimos- muchos ciudadanos de este país en estos tiempos que sí tienen nombre, fechas y hasta lugares. A la Intemperie. Huyendo de violentos y ebrios alguacilillos de medio pelo y en medio de un páramo cuyas escasas aguas son hace tiempo charcas infectadas. Esperando comprender un día cómo fue posible tanta crueldad. Esperando otear algún cabrero que nos cobije. En twitter @plopez58 

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