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Una gran abraçada per a la gent de “AdéU, RTVV”

El titular no es mío. De alguna manera lo he cogido prestado del artículo que Rosa Solbes publicaba en el El País (Un abrazo para RTVV) el 19 de diciembre de 2012 y que se reproduce en la página 148 del libro Adeú, RTVV, seguramente la crónica social y periodística más descarnada, más sincera, más coral y por eso mismo más emocionante sobre corrupción político-periodística y la voladura de un gran medio de comunicación público de este país en democracia. Sobre este cementerio y estas ruinas (casi 1.200 despidos) quieren edificar los responsables del latrocinio la nueve tele autonómica que hoy, otro Nou d'octubre, hace su presentación y puesta de largo ante la sociedad de la Comunidad Valenciana. Si la primera salió como salió, nada hace pensar que ahora será mejor. Al menos mientras dentro sigan quienes perpetraron el gran atraco.

Una de las protestas de los trabajadores de RTVV contra el ERE

Sabíamos, porque lo habíamos ido leyendo aquí y allá, y porque conocíamos a algunas de sus gentes, de la letra gruesa, pero descender a la sala de máquinas donde se fueron juntando las palabras y los despropósitos que hicieron posible el saqueo, ha sido todo un placer. Como lector y como periodista. Duro, sí, pero necesario seguramente también.

No era difícil que el libro emocionara. Soy, como ellos, periodista. Y, como la mayoría de ellos, también he sufrido la variante de un cobarde y especial “ERE” en el periódico donde trabajé durante 24 años, el diario Información de Alicante, donde ya llevan despedidas en varias oleadas a cerca de 40 personas. Mismo o parecido procedimiento; mismo o parecido decorado; misma cobardía, mismas (sin)razones. En eso algunos políticos y muchos empresarios no tienen grandes diferencias: son cobardes y prefieren la puñalada por la espalda. De ello los de la profesión sabemos mucho. Como veis, no era tan difícil que emocionara. Había barbecho. Somos misma carne y hemos sido vías paralelas. Nos creímos eso del periodismo al servicio de la gente.

Libro donde se denuncia el expolio en RTVVBueno, pero no era de mí de quien quería hablarles hoy. Si no de lo bueno, o lo malo, según se mire, que la lectura de AdéU, RTVV me ha reportado, un libro que nos retrata como pueblo y que nos devuelve la imagen miserable de un espejo que hemos ido construyendo, unos más que otros, cierto, pero del que todos, cierto también, somos en parte responsables. Aunque solo sea por el silencio de años.

Del libro, lo primero es decir que lo bueno es que está escrito. Ya casi nadie podrá decir que no se enteró, que no sabía, que nunca creyó que la indecencia, la infamia, el expolio, la desvergüenza, el robo a expuertas bajo todos los focos imaginables… pudiera llegar tan alto y alcanzar tal grado de vileza. Y, además, está contado por periodistas, seguramente algunos de los mejores de la casa (hay muchos más, conozco algunos de ellos, que no aparecen y puedo dar fe de ello). ¡Si al menos sirviera de escarnio!

Dice Rosa en su artículo, y dice bien, que los ecologistas nos enseñaron que abrazar los árboles para defenderlos de los voraces especuladores del territorio es el camino. Abrazar los colegios públicos, los hospitales, las pensiones, los centros sociales, los teatros… para defenderlos de los sátrapas neoliberales que quieren hacer negocio hasta del aire que respiramos. Abrazar nos acerca, nos hace más humanos, nos hace fuertes. Nos ampara de la arena del desierto intelectual en el que nos quieren y que se nos va colando sin casi darnos cuenta mientras pensamos que a nosotros “no nos va a tocar”.

Es este, decía, un libro coral, diverso, anárquico en el mejor y más noble sentido de esta palabra, y en el que hay decenas de cuentos, de metáforas, de anécdotas, de poesía, tan necesaria hoy en día, de lágrimas, de sueños rotos. Es, también, hermoso, vital, desesperado y esperanzado, y está lleno de humor, de rabia. Casi todo a un tiempo y todo mezclado, en valenciano y en castellano. 

Hay en él, cómo no, mucha tela que contar, pero si he elegir una de las decenas de las historias allí contadas, de los post recogidos, ya saben, las redes sociales como refugio de esa otra verdad tan difícil de contar en los medios de siempre, del rosario de notas y noticias que ayudan a seguir el transcurso del mayor telegenocidio democrático, elegiré la que cuenta en su perfil de Facebook un periodista del área de Deportes, Ricardo Cobo, que él titula “Un encuentro inesperado en el ascensor”. Aparece en la página 145 y su sola lectura ya casi merece todo el libro. Es la crónica del encuentro casual en un ascensor de cuatro periodistas de la casa y el entonces director general, José Luis López Jaraba. Anatomía de un instante que diría Javier Cercas. Si pueden, léanla. Es material sensible. Periodismo en estado puro.

Centro de producción de RTVV en BurjassotEn apenas unos segundos, lo que tarda un ascensor en subir dos pisos, queda resumido y descrito milimétricamente el despropósito de años. Escena con cinco actores en apenas dos metros cuadrados. A un lado, la dignidad de los periodistas que van a ser ejecutados laboralmente; al otro, el ejecutor que se niega a cumplir las órdenes y que está a punto de renunciar al cargo para no firmar, pero no por desacuerdo, no por disconformidad, si no por cobardía y por miserable. A un lado, una periodista (¡hay!, las mujeres, siempre las mujeres) valiente que es capaz de resumir en escasos segundos lo que muchos de sus compañeros habrían querido expresar en esos momentos. Al otro, la cobardía de un director general empequeñecido y empalidecido, tembloroso, a punto del colapso. No les cuento más. Si pueden, léanla.  

Pero por todas sus paginas circula un río oculto de verdad que te remueve la conciencia. Se adivinan aguas cristalinas, justo debajo de esas otras más visibles y llenas de tiburones y carniceros de la verdad, aguas que nos hacen seguir creyendo en esta profesión. Hay, en palabras claras, borbotones de dignidad, la defensa precisa y razonada de unos medios públicos como garantía de democracia, de país. Se deja deja ver la decencia de unos profesionales que siguieron trabajando hasta el segundo antes de recibir el frío y cobarde e-mail que les comunicaba, tras tres meses de martirio, su despido por haber hecho bien su trabajo. Esto, claro, no lo ponía el vergonzante texto, pero si en último extremo los ejecutores hubieran tenido un gramo de dignidad lo habrían reflejado así: ¡Queda usted despedido por hacer bien su trabajo!. También aparecen por ahi, cómo no, retratados con sus nombres y sus apellidos los de las listas negras, los correveidiles, los paniaguados, pero para ellos queda solo un pequeño espacio. Los autores del libro debieron pensar y con razón que no merecían más.

Al fin y al cabo sucede casi siempre. Sucedió en la que fue mi casa, donde los caprichos, el chalaneo, los intereses espurios, inconfesables, fueron el caldo de cultivo de la escabechina que dio paso a un paisaje de temor y miedo que hoy preside ese y casi todos los medios periódisticos. Sucedió también en el ERE de ese otrora buque insignia del periodismo español venido a menos como es El País (para los que quieran ampliar documentación lean  Memorias líquidas del reportero Enric González. Disfrutarán, seguro). Ya digo, sucede casi siempre.

Trabajadores cortan la emisión del informativo el día que se comunicó el ERETodo esto empezó, recordémoslo, en un día como hoy, otro Nou d’Octubre en el que nos anuncian otra “nueva RTVV”, el día que nació un sueño y el día que se certifica su muerte administrativa, jornada esta en la que quiesiera dar las gracias a todos los que aparecen en este hermoso libro, a todos los que de una manera u otra lo han hecho posible, a los que no aparecen pero es como si estuvieran. Y lanzarles a todos ellos una gran abraçada de cara a ese próximo día 21 de este mes en el que la justicia (?) del TSJ deberá -si puede- pronunciarse sobre el asunto.

Y ya, para terminar, pedir otra vez perdón a Rosa por el atrevimiento de cogerle prestado el titular. Sé que no le importará. Al fin y al cabo vivimos tiempos huérfanos de abrazos y necesitamos recuperarlos para defendernos de los que quieren convertir nuestra ciudadanía, como ella muy bien decía allí, en meros consumidores y en negocio... Consumidores de sanidad, de educación, de dependencia, de información, de desesperación... Abrazos éstos que siempre nos servirán para recodar que, pese a todo, quedan aún muchos árboles que debemos salvar. También en el periodismo. Tambien en AdéU, RTVV. En twitter @plopez58

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