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El largo (y necesario) duelo de RTVV

Portada del libro Dicen que toda muerte debe tener su duelo. Sin ese punto de inflexión, sin ese dolor compartido, el nuevo camino siempre será más difícil. Es lo que hacen los periodistas de RTVV desde que hace más de dos años fueron condenados a morir lentamente. Seguramente por eso mismo su duelo se está alargando tanto. Pero lo que ellos no saben, o quizás sí, es que su dolor es también el nuestro.

A la escena se le puede aplicar otro dicho: cuando los periodistas hablamos de nosotros, cuando nos convertimos en el eje de la noticia, dejamos de cumplir con nuestro trabajo. Es una máxima clavada a fuego en la profesión, que no siempre se cumple y que, sobre todo, a veces se rodea sin razones. Entonces, ¿cómo explicar que vaya para más de dos años que los compañeros de la RTVV lleven hablándonos de lo suyo todo este tiempo y sigamos pensando que esto es noticia? Puede que todo esto sea sí porque lo que ellos nos cuentan no es sólo suyo, sino que es la metáfora perfecta de lo que (algunos) han convertido esta tierra. La crónica del sueño de lo que pudimos llegar a ser y el dolor y la vergüenza de ver donde hemos llegado.

De alguna manera, fue de todo esto fue de lo que se habló ayer miércoles en la sala Rafael Altamira de la sede la UA en acto de presentación del libro Adéu, RTVV, una crónica de lo que pasó hecha por los periodistas que lo sufrieron.

En la sala hubo tiempo para el recuerdo, para los buenos programas que se hicieron con gente de la casa (“los más baratos, pese a lo que algunos se empeñan en seguir diciendo”), y sobre todo para remarcar que en esta película que los ladrones han logrado quedarse con el botín y sin que “casi” policías ni jueces les importunen. Mientras, al otro lado, en la puta calle, se ven pulular las sombras -casi 1.300- de muchos de los buenos profesionales que creyeron en el proyecto. Son sombras en duelo, desperdigadas en las colas del INEM que aquí se llama Servef, pero nos entendemos, a la espera de una sentencia judicial que, aún dándoles la razón, solo servirá para hacer menos doloroso el trance.Hubo tiempo también para lamerse las heridas, para lamentar la gran ocasión pérdida de haber hecho posible en este reino de taifas una televisión pública al servicio de los ciudadanos, hubo tiempo para la música de Mugromán, para reencuentros, también para hablar de periodismo. Para seguir llorando lágrimas de ceniza.

Imagen de la sala Rafael Altamira de la sede de la UA donde tubo lugar la presentación del libro

Ya para cerrar el acto, el periodista Pere Miquel Campos, que hizo las veces de maestro de ceremonias, recordaba que años atrás él comentaba con algún compañero, cuando las cosas empezaron a ir mal y los profesionales dejaron de contar porque el relato venía escrito desde fuera, que aquello tenía pinta de convertirse en una guerra en la que los buenos estaban condenados a ir “de derrota en derrota hasta la victoria final”. Las derrotas, amigo Pere Miquel, las conocemos, tienen nombres y apellidos, unos más ilustres, otros menos, pero no sé muy bien dónde queda aquí espacio para la esperanza.

Salvo, claro, que esa victoria final que tú soñabas tenga algo o mucho que ver con la palabra dignidad. Esa misma que ha hecho posible que el comité de empresa y un grupo de trabajadores hayan tenido la valentía de convertir esta Comunidad, de Norte a Sur, en un gran plató que nos está permitiendo conocer hasta dónde llegó el latrocinio de los gestores, hasta dónde sus ansias por manipular y corromper, hasta dónde su desvergüenza por ejercer como auténticos cuatreros, económicos, sí, pero también de vulgares acosadores sexuales.

Muchas de esas tropelías ya las sabíamos, otras las intuimos, y a buen seguro que otras más descubriremos en la lectura de ese libro cooperativo, Adéu, RTVV, que fue la excusa perfecta que (n)os reunió en este penúltimo, prolongado (y necesario) duelo. En twitter @plopez58

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