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Dependencia: lo suyo, lo nuestro y el corazón

Imagen de la manifestación contra los recortes en la Ley de la Dependencia de ayer sábado en AlicanteSábado 8 de junio. Mismo día, misma comunidad pero distinto escenario. En uno, Peníscola (Castellón), cientos de militantes de un partido, dicen que el partido del Gobierno aquí y en Madrid, se reúnen para hablar de lo nuestro pero acaban hablando solo de lo suyo. En el otro, Alicante, miles de personas –las crónica hablan de unas cuatro mil- salen a la calle, una parte importante de ellas en silla de ruedas, discapacitadas, familiares empujando estas sillas, asociaciones de atención a dependientes, amigos, algunos partidos, sindicatos y muchos, muchos, colectivos ciudadanos… salen a calle, digo, para hablar de lo suyo, de los brutales recortes en la Ley de Dependencia, de las muertes que está provocando una política salvaje con los más débiles, pero en realidad terminan hablando de lo nuestro. De lo de todos.

“No queremos negociar nuestra dignidad”, proclama Fernando a los cuatro vientos, un discapacitado paralítico cerebral, de espaldas al mar Mediterráneo y ante las pancartas y los manifestantes reunidos en corro y de cara a la Rambla. Han sido dos horas de marcha. Lenta, claro, ya hemos dicho que muchos son discapacitados (¿quién no lo es?). Que todo tiene otro ritmo.

Sus palabras, las de Fernando, arrancan aplausos. Lágrimas que resbalan por las mejillas de algunos de los asistentes, agua salina que la suave brisa extiende por los rostros contenidos, respetuosos. Emoción. Sus palabras, las de este joven, están llenas de dificultades superadas, salen a borbotones, como si vinieran de muy adentro, parece que en cualquier momento se van romper. Pero no. “Estamos a un paso de la beneficiencia –dice- y si nadie lo remedia pronto nos veremos abocados a la caridad y a la limosna mal entendida, sin profesionales en el sector y en los centros y esto no lo vamos a consentir. Somos personas”. Personas. Sólo eso. No más, pero tampoco menos.

Ya digo. Mismo día. Misma comunidad pero distinto escenario. En Peníscola, una convención del partido que dicen gobierna, hablando de lo suyo, de cómo mantenerse en el poder, de cómo darse calor ahora que en la calle hace tanto frío. Ya lo dijo el que es el jefe de todos, Rajoy, en la anterior visita a la tierra prometida, en puertas de unas elecciones: “Vosotros hacer como yo, apoyar a Paco (Camps)”. Ahora, mismo guión, solo cambió el nombre: apoyar a Alberto que lo está haciendo muy bien. Pero ni una palabra sobre corrupción. Ni una palabra para lo que ocurriría unas horas más tarde en Alicante, unos cientos de kilómetros más al sur. Tan cerca, tan lejos. Mismo día, misma comunidad, distinto escenario. “Lo hacemos de corazón”, se podía leer en letra pequeña en las esquinas de una de las pancartas de la manifestación de la Dependencia de Alicante. Es lo que parece faltó en uno de estos escenarios. Corazón. Todo el que salía a borbotones por la boca de Fernando y de muchas de las personas que aplaudían para darse calor y para aventar el mal fario que venía del Norte. En twitter @plopez58

 

 

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