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Violencia y escrache: dos caras y dos monedas

Imagen de miembros de la PAH presentando la campaña de escracheViolencia es que un día a la hora del desayuno llamen al timbre de tu puerta la comisión judicial y veinte policías para echarte a ti y a tus hijos pequeños de tu casa a patadas solo porque antes te echaron del trabajo y te retrasaste en el pago de la hipoteca. Violencia es que el banco que tan bien te trató entonces, ya ni te escuche, te mire ahora como a basura que hay que barrer desde que empezaste a pedir ayuda. Violencia es que no solo te echen de tu casa, si no que te dejen como herencia una deuda que no podrás pagar ni en tres vidas que vivieras y que te condena a ser insolvente en los próximos 40 años. Violencia es que la incompetencia y la complicidad de este y otros gobiernos lleve a los ciudadanos al extremo de quitarse la vida antes de ver violada su vivienda sin consideración ni miramiento e imaginarte durmiendo debajo de los puentes de la desvergüenza.

Violencia es que un día, aconsejado por el director de la caja de toda la vida, te vendan unas preferentes o unas obligaciones, o unas no se sabe muy bien qué, como si fueran un plazo fijo y años después te vengan con el cuento de que aquello era los más parecido a una estafa piramidal, aunque esto no te lo dicen así, lo descubres cuando vas al banco y ves que el director que te engañó ya no está y el dinero se lo han llevado puesto en millonarias indemnizaciones los cerebros que idearon el atraco.  

Violencia es, ya puestos, que te echen de tu trabajo con una carta de despido tras 30 años de sacrificio por una disminución de beneficios de tres meses consecutivos con una ley ad hoc aprobada por un gobierno que dijo que nunca haría eso pero lo hizo. Violencia es que con todo o parte de lo anterior, más la oportuna subida de las tasas universitarias y el recorte de becas fervorosamente aprobadas por el elitista ministro Ignacio Wert, impidan a tu hijo mayor seguir cursando en la Universidad el tercer curso de su carrera sin tener en cuenta sus notas, su curriculum, sus capacidades, su futuro, su dignidad. Y, claro, porque hay que elegir entre comer o la universidad y ellos, gentes bien pensantes, con sus caras de hipocresía y mentiras que se reflejan en cada trozo de los papeles de Bárcenas que se les van cayendo en su huida de la realidad, te empujan a lo primero, que ya puestos hay órdenes de prioridades que no dependen del cerebro sino de la supervivencia. 

Violencia es que vayas al médico y te digan que la cola para realizar la prueba que necesitas da la vuelta a varias manzanas ocupadas todas por autocomplacientes gobernantes sin conciencia del dolor causado dedicados a esconder los confeti que sobraron en el bienregalado cumpleaños de los niños. Violencia es también tener que rebuscar en los contenedores las sobras de los centros comerciales y supermercados de quienes, ya puestos, no son siquiera capaces de entregar su comida a punto de caducar a los bancos de alimentos y el dueño del negocio te suelte a la cara como reproche y como advertencia que hay que trabajar como chinos y cobrar como esclavos. Violencia, sin ningún género de dudas, es que el presidente de tu Gobierno te diga a la cara y sin ruborizarse que “efectivamente, he incumplido mis promesas electorales pero he cumplido con mi deber” y dos minutos después no haya dimitido aún. Violencia es… 

Todo lo anterior, todo este paisaje roto, es o se aproxima bastante a la violencia que nos rodea. Lo que hace la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el escrache que crimininalizan la troupe de dirigentes políticos de corazón frío y metálico y claquean sus voceros hasta enrojecer las palmas de las manos, que la deslenguada delegada del gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, tacha de actos violentos y de kale borroca próximos a ETA, no parece que lo sea tanto. Puede ser que sean, que lo son, actos desesperados tras ver y comprobar que quienes dicen que son tus representantes se ríen de ti un día y otro, te ignoran, te castigan a pagar el naufragio que no provocaste.

De ser algo, el escrache, digo, que lo es, se parece bastante al callejón sin salida al que te van condenando con sus desprecios, con sus insidias, con sus mentiras encadenadas, con sus promesas rotas. Puede que sea también una reacción extrema ante tanta desesperación, ante tanto cabreo, ante tanta desesperanza, ante tanto sufrimiento sin fecha de caducidad... pero decir que eso es casi terrorismo, kale borroca, solo es posible expresarlo así cuando uno echa de menos el tiempo en el que la violencia y el terrorismo eran, entonces sí, parte de la realidad. Violencia y escrache, dos caras, sí, pero de dos monedas bien diferentes. Las del desprecio y la desesperación. En twitter @plopez58   

 

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