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Realmente hacen lo que les da la gana


El vicealcalde de Valencia Alfonso Grau en la rueda de prensa que convocó "porque le dio la gana" en respuesta a una periodistaAlfonso Grau es un bendito. Un santo. No era de eso de lo que se trataba. De no engañar. De no mentir. De decir y hacer lo que en verdad se piensa. Él lo ha hecho. No dimite porque “no le da la gana” y porque las líneas rojas de Alberto Fabra se las pinta él. ¿Hay razón más sincera y hermosa que esta?

No entiendo que la gente se escandalice de las palabras de Alfonso Grau, el imputado en la rama cosa nostra valenciana de la Nóos. Al fin y al cabo el vicealcalde y mano derecha de la alcaldesa perpetúa de Valencia, Rita Barberá que estás y vives en los cielos, el chulo, el displicente, el colaborador necesario en el saqueo de lo público según auto del juez Castro y de la Audiencia de Balerares a través de contratos de aire y gaseosa con el infante adosado del no menos chulapón Iñaki Urdagarín, Grau, el hombre que como tantos otros de su partido tampoco necesita vivir de la política (Barberá dixit), que es la política la que lo necesita a él, Alfonso Grau solo ha dicho ciertamente lo que piensa. ¿Es eso acaso delito?

Ha dicho también sin decirlo ¡Que se jodan! a los que esperaban que dimitiese, a los que esperaban que lo suyo iba a ser hacer el “Monago”, mentir para seguir mintiendo. Que Grau, quede claro, todo lo que hace y ha hecho es porque le da la realísima gana. Que está en política por lo mismo y que se irá cuando él quiera. Y, por supuesto, que no dimite, porque no le sale de ahí, de donde la gana pierde su no menos hermoso nombre.

¿Deberíamos enfadarnos por tan desgarrador testimonio de sinceridad? No. Deberíamos estar agradecidos. Al fin y al cabo si miramos detenidamente esa es la línea argumental de una parte no despreciable de los mandamases de esta comunidad desde antes del pleistoceno democrático. Ahí están las imágenes y los de los Eduardo Zaplana, José Luis Olivas, Francisco Camps, Rafael Blasco, José Joaquín Ripoll, Enrique Crespo, Sonia Castedo, Ricardo Costa, Juan Cotino, Luis Díaz Alperi, Carlos Fabra… gente que también dimitió –los que lo hicieron, a otros aún no les ha dado la gana- cuando quisieron.

Si quieren la única diferencia es que hasta no hace mucho todo lo hacían en la intimidad de nuestra alcoba autonómica, contaban con nuestros votos y con nuestra comprensión de ciudadanos embelesados en la fatuidad de sus gestos y en su verbo de raperos del descaro. Ahora no. Ahora ya se sienten estrellas en el firmamento catódico-digital de todo un país, pasto de tertulias y tertulianos, próceres del ¡y tú más! Son ellos, nuestros alfonsosgrau, los que realmente dan sentido a nuestras vidas. ¿Qué haríamos sin su diaria presencia? ¿Qué haríamos sin los punto y pelota de la alcaldesa Sonia Castedo? Debe ser por eso que no dimiten. Porque no les da la gana. Sí, pero también porque saben que sin ellos nada sería ya igual. En twitter @plopez58

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