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Juan Cotino, ese señor no tan venerable

Juan Cotino, actual presidente de las Cortes Valencianas, ha ocupado nueve cargos desde 1991Sucede a veces. Que tu biografía se te rebela. Toda la vida luchando para forjarte esa imagen de hombre bueno y, de pronto, ves que todo se acaba yendo por el sumidero de la realidad. Le ha pasado a mucha gente. Y le ha sucedido ahora al beatífico y opusdeísta Juan Cotino, actual presidente de la Cortes Valencianas. Que donde pensabas había solo bondad, apenas rascas te das de bruces con altas dosis de miseria humana.

Al buen cristiano que llegó a jurar el cargo con un crucifijo en la mesa de las Cortes Valencianas, al samaritano del PP, su biografía le ha acabado por dar la espalda. Resulta que mucho de lo que se contaba de él era tan falso con el falso Judas. El verdadero Cotino se nos ha revelado haciendo caja con la visita del Papa a Valencia, se nos mostró otra vez ajustándole las cuentas a los familiares de las víctimas del accidente del Metro de Valencia y se ha acabado por asomar en el intento de convertir a los ancianos y dependientes de la Comunidad en mercancía kleenex, de usar mientras hay beneficio y de tirar cuando ya no lo hay.

Es, ha sido, Juan Cotino hombre versado en cambiar de cargo en medio de cada batalla. Para él nunca ha faltado ocupación pública. Hasta nueve cargos y nueve despachos desde 1991 a 2014. Con Aznar, Zaplana, Camps, Fabra, todos han acabado rezando en su misal. Y es que como buen hijo de empresario agrícola valenciano pronto supo de la importancia de la siembra y de la buena compañía. Por eso dedicó parte de su tiempo, y de sus cargos, a crearse esa imagen de buen cristiano de la que tanto presume.

Tiene, o tenía, Juan Cotino ese aire de señor respetable y respetado de pueblo de antes; pelo canoso, de apariencia frágil, incapaz de levantar la voz por no molestar, ese hombre del que nunca se espera que robe a un pobre para dárselo a un rico.

Y resulta que no. Empezamos a saber bien qué había detrás suyo cuando en plena refriega parlamentaria le mentó la familia a Mónica Oltra ("Me avergonzaría de tener una hija como usted"); supimos más cuando lo de su cobarde silencio en aquel impagable e inmortal Salvados de Jordi Evole. Y, no contentos con lo anterior, ahora, escuchando el remake de Sexo, mentiras y cintas de vídeo que se ha convertido las entregas del Brugal, acabamos de comprobar que el alcance de la revelación tiene una onda expansiva altamente destructiva.

Todo apunta a que él, Juan Cotino, en compañía de otros, han querido convertir a los discapacitados y a las personas mayores de la Comunidad en materia de negocio para sus empresas, las de su sobrino, Vicente Cotino, y las de un tal Enrique Ortiz, que, por cómo hablan, parece como de la familia y que casi siempre acaba asomando por una esquina de la corrupta escena. Más o menos como le ha acabado sucediendo al tal Juan Cotino. Ese señor no tan venerable que se ha visto traicionado por su propia biografía. En twitter @plopez58

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