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Alicante 24M: el pacto de la desconfianza

Los tres candidatos -Echávari, Bellido y Pavón- en el acto organizado por la PIC para visibilizar el posible pacto de izquierdas en Alicante antes del 24MEl futuro y previsible gobierno de izquierdas a dos o a tres en el Ayuntamiento de Alicante -eso no está del todo claro aún- se enfrenta no solo a una herencia envenenada tras 20 años de gobiernos del PP, sino que antes de nada, y como garantía de un cierto éxito, tendrá que hacer frente a otro reto no menos complicado: el de superar la desconfianza y los recelos actuales entre sus principales actores. Si la confianza es la base para crecer, para construir algo nuevo, en Alicante esa base está hoy día ausente entre los máximos responsables del PSOE, Compromís y Guanyar Alacant.

Tan es así que la desconfianza ha sido, muy posiblemente, la realidad que ha sobrevolado todas y cada una de las maratonianas negociaciones que han hecho posible en las dos últimas semanas la firma a tres (PSOE, Guanyar y Compromís) de un pacto de mínimos que debería ser la hoja de ruta del nuevo gobierno y obligar al PP a penar sus culpas en los bancos de la oposición. Esto, quizás, explique porqué fue relativamente fácil acordar el programa de gobierno y está resultando extremadamente complicado y tedioso acordar quién debe ser el alcalde.

La desconfianza es multidireccional y de cada uno con respecto a los demás, pero hay que reconocer que  hay una persona que se lleva buena parte del protagonismo: Gabriel Echávarri. Este extremo ha dificultado enormemente el proceso y, posiblemente, el resultado final habría sido muy otro con otro candidato en el ala socialista, pero eso ya es ciencia ficción.

Ya antes de votar el 24M el candidato de Guanyar, Miguel Ángel Pavón, lo explicitó y así apareció en titulares. “No me fío de Echávarri”. Éstas fueron sus palabras, casi el mismo día que el propio Echávarri hablaba con cierta disciplicencia sobre un posible tripartito al asegurar que su apuesta no era precisamente gobernar con esa fórmula de gobierno. 

La desconfianza es, sobre todo, al pasado y al presente político de Echávarri. Su paso efímero por Unión Valenciana y, sobre todo, la sombra alargada del gran conseguidor Ángel Franco que aún le persigue allí donde va, ha sido, junto a su más que cuestionable gestión de la agrupación local y el efecto destructor sobre el grupo municipal socialista de la pasada legislatura, que ha acabado en desbandada de mucha masa gris del partido, un muro demasiado alto de saltar para sus compañeros de viaje.

 Asegura Manuel Alcaraz, el hombre que ha estado detrás y delante en el proceso negociador por parte de Compromís, que así se lo hicieron saber desde el primer momento y en la primera reunión a Gabriel Echavarri. “No nos fiamos de ti”, una advertencia a modo de marca en el territorio. En las numerosas asambleas de Guanyar la desconfianza hacia el candidato socialista ha sobrevolado la mayoría de las intervenciones de estos últimos días, hasta el punto de que muchas de ellas se mostraban partidarias de seguir haciendo oposición “si la opción del alcalde es Echávarri”.

Esta ha sido la principal, pero hay más desconfianzas que han acabado dificultando el camino del acuerdo. Las hay de Compromís hacia el proceso asambleario y de toma de decisiones que ha puesto en marcha Guanyar Alacant y que es observado con recelo desde el propio Compromís y el PSOE. Y, ya puestos, decir también que la hay, desconfianza, del propio Guanyar hacia una supuesta “agenda oculta” de Compromís.

Si este factor va a ser el punto de partida al que hay que hacer frente, cabe preguntarse, como se preguntaba el propio Alcaraz en el acto público de su opción política para hacer balance de las negociaciones, si el roce acabará haciendo el cariño y lo que hoy son suspicacias podría mejorar el punto de partida vía trabajo conjunto. Un buen deseo de futuro incierto.  

¿Y esto cómo afecta a los ciudadanos, a la gestión de la agenda pública? Difícil de prever y de vaticinar. Primero porque a 24 horas de la elección del nuevo alcalde no solo no está claro quién va a ostentar la vara de mando, ni siquiera quienes se declaran dispuestos a empujar en la misma dirección. Si al final, cuestión ahora mismo tan probable como improbable, el pacto fuera no solo de investidura y lo fuera también de gobierno y a tres, a sus protagonistas no solo le quedaría por delante un trabajo hercúleo para reorientar las políticas de los últimos años, si no que su primer reto será hacer frente a una tarea no menos hercúlea: la de tejer una red de complicidades que acaben con este punto de partida en negativo, un trabajo de orfebrería que haga posible trasladar a la opinión pública y a la ciudadanía una imagen de cierta unidad. Del éxito de lo segundo, de superar la desconfianza actual, dependerá en buena medida lo primero, que es, en definitiva, lo que importa y más afecta a los ciudadanos. En twitter @plopez58 

 

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