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La CAM, una historia de cuatreros encorbatados

La triste historia del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Alcoy fundado allá por 1875, verdadero embrión de la desde ayer lunes 9 de julio de 2012 extinta CAM (Caja Mediterráneo), terminó de la peor manera posible. Si hubiéramos imaginado un final más triste, más negro y más vergonzoso para esta señera entidad financiera de la provincia de Alicante y del Levante español nunca habríamos llegado ni a acercarnos a la realidad misma de lo ocurrido en estos últimos meses. Ha sido, qué duda cabe, el atraco perfecto, pero esta vez con los papeles cambiados: los asaltantes de la entidad estaban dentro, iban encorbatados, pasaban por ciudadanos honorables, gentes que han resultado ser para sus clientes una auténtica banda de cuatreros que creyeron podrían tratar a su gente como una simple manada de caballos.

Y es que en la jornada de ayer lunes la histórica entidad que ha sido el principal motor económico de varias generaciones de empresarios de Alicante y de Murcia, también de otras zonas de España, pero fundamentalmente de estas dos provincias, que ha sido la caja de millones de ciudadanos, bajó la persiana cometiendo la mayor de las felonías imaginables: como un Saturno enloquecido cualquiera acabó fagocitando a sus propios hijos, a quienes durante más de un siglo han sido su principal sustento y su alimento, condenando a decenas de miles de sus clientes a vagar de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer con sus fantasmales ahorros, cuyo valor, han sentenciado, valen menos que cero.

Las víctimas directas (aunque son muchas más) han sido los 54.00 cuota-participes propietarios de cuotas participativas, ese producto que iba a servir para internacionalizar y modernizar la caja (Robeto López, su exdirector general, así lo vendía en sus años dorados), un puñado de gentes de todo tipo y pelaje que confiaron en la palabra dada y que se han encontrado con la gran estafa piramidal que ha supuesto el anunciado cierre de la entidad amparado por la Ley y por los gestores del FROB (Fondo de Regulación y Ordenación Bancaria), que han resultado ser, ahora sí, auténticos hombres de negro.

La última asamblea de la CAM acordó disolver la entidad y el voto de sus consejeros oponiéndose a la medida del valor cero de las cuotas solo sirvió para demostrar que, una vez más, han sido los correveidiles de los partidos políticos y sindicatos que les nombraron. Antes agachaban la cerviz para aprobar el robo y ahora, con la opinión pública en contra, la han levantado para recuperar una dignidad imposible. Demasiado tarde y demasiado poco el gesto el de estos consejeros que solo estuvieron en la mayoría de los casos para recoger beneficios y agasajos, pero casi nunca para cumplir con su obligación: pedir cuentas y hacerse las preguntas necesarias que hubieran alertado.

Cuando alguien un día escriba la verdera historia de la CAM, de todas las ramas que fueron fortaleciendo a la entidad madre a través de absorciones y fusiones, debería empezar por este negro final. Más que nada para que nadie se lleve a engaño. Contado el final solo cabe mejorar el relato. Es el ejemplo perfecto de una gran estafa –otra más- realizada, ahora sí, con luz y con taquígrafos, con amparo legal del Consell y del Gobierno central, con el silencio cómplice de muchos estómagos agradecidos.

La acusación particular encabezada por el abogado murciano Diego de Ramón (¡qué triste que haya tenido que ser un abogado particular quien impulse la demanda de investigación de responsabilidades penales!) demanda en la Audiencia Nacional en representación de 500 de los miles de afectados de los producto tóxicos, quizás deberíamos decir víctimas, para ellos una fianza de 13,2 millones, una menudencia comparada con la hondura del desastre causado, una mínima parte del dinero volatilizado en prácticas de artificios financieros más propias de magos de las finanzas que de gestores de entidades con responsabilidad social, que es lo que muchos creían que era la CAM.

Qué curioso que hoy mismo quienes han pilotado esta loca travesía, esta borrachera de mentiras, quienes vendieron gestión cuando solo había una huida hacia delante, hacia el centro del abismo, empiecen justo hoy a dar explicaciones de sus actos en la Audiencia Nacional ante el juez Gómez Bermúdez acusados de no sé cuántos presuntos delitos que ya da casi igual. Qué curioso que los Modesto Crespo, Roberto López, María Dolores Amorós, Vicente Soriano y Teófilo Sogorb inicien hoy el desfile por la pasarela judicial de la vergüenza en que se ha convertido la CAM. Su condena judicial, si la hubiere, supondría sólo un poco de compasión para tapar una pequeña parte del sufrimiento provocado, porque su condena pública, creo, ya no tiene vuelta atrás ni remedio posible.

Y es que, paradojas de la vida, tantos años mejorando los métodos para evitar a los ocasionales atracadores que, pistola, cuchillo o jeringuilla en mano, venían de la calle, cuando va resultar que los atracadores, los auténticos autores del latrocinio, los cuatreros, estaban dentro de la entidad. Y, además, al mando de la caja fuerte. En twitter @plopez58

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